Leer a Marx después de Preciado. Pensar el “fragmento de las máquinas” en clave transhumanista

  • Facundo Nahuel Martín Universidad Nacional de Tres de Febrero, Buenos Aires, Argentina

Resumen

En este artículo me propongo releer el llamado “fragmento de las máquinas” de los cuadernos Grundrisse a partir de la concepción de la prótesis y la producción biodrag de subjetividades desplegada por Preciado. Mientras que la mayoría de las lecturas de Preciado en clave marxiana se centran en Testo yonqui, sostendré que leer a Marx a partir del concepto de prótesis en Manifiesto contra-sexual permite reformular la noción de “individuo social” en una clave transhumanista. Esto empuja la interpretación de Marx más allá de los marcos en que él mismo comprendió la crítica del capital. Al mismo tiempo, esta vuelta a Marx ilumina los marcos sociales comprehensivos en cuyo seno la producción tecnológica del género tiene lugar. La producción de géneros y la maquínica se articulan así de manera significativa.

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Biografía del Autor

Facundo Nahuel Martín, Universidad Nacional de Tres de Febrero, Buenos Aires, Argentina

Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, docente universitario y becario postdoctoral en CONICET (Argentina). Realiza investigaciones sobre teoría crítica de la sociedad, en particular centrándose en la filosofía de la historia de Theodor W. Adorno, la crítica categorial del capital desarrollada por Moishe Postone y otras cuestiones afines. Ha publicado el libro Marx de vuelta. Hacia una teoría crítica de la modernidad (Editorial El Colectivo, 2014), así como varios artículos sobre marxismo, teoría crítica y movimientos sociales.

E-mail: facunahuel@gmail.com

Citas

Iglesias Turrión, P. (2009). Pornopolítica y Capitalismo cognitivo. Las identidades transgénero como clave de lucha antisistémica (comentarios a Testo Yonqui de Beatriz Preciado). Ponencia llevada a cabo en el IX Congreso de la AECPA, Málaga, España.

Gros, A. (2016). Judith Butler y Beatriz Preciado: una comparación de dos modelos teóricos de la construcción de la identidad de género en la teoría queer. Civilizar, 16(30), 245-260. doi: https://doi.org/10.22518/16578953.547

Gulino, F. (2014). Aportes del pensamiento de Beatriz Preciado al Trabajo Social: Sexo, drogas y biopolítica. Argentina: Paidós.

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Virno, P. (2003). Diez tesis sobre la multitud y el capitalismo postfordista. Contrapoder, (7), 29-42.
Publicado
2018-06-22
Como citar
NAHUEL MARTÍN, Facundo. Leer a Marx después de Preciado. Pensar el “fragmento de las máquinas” en clave transhumanista. Praxis Filosófica, [S.l.], n. 47, p. 169 - 194, jun. 2018. ISSN 2389-9387. Disponible en: <http://revistas.univalle.edu.co/index.php/praxis/article/view/6621>. Fecha de acceso: 22 mar. 2019 doi: https://doi.org/10.25100/pfilosofica.v0i47.6621.

Palabras clave

capital, producción, género, transhumanismo, maquinismo

Introducción

La mayoría de las lecturas de Preciado centradas en la dinámica capitalista y la lógica de la acumulación toman el concepto de capitalismo farmacopornográfico en Testo yonqui como punto de partida. Estos análisis, en buena medida inspirados en la lectura postobrerista de Marx (Negri, 2001; Virno, 2003, entre otros), tratan de reconstruir el acoplamiento de la farmacopornografía con los procesos de valorización postfordistas. En el capitalismo contemporáneo, se dice, la acumulación ha traspuesto los límites de la fábrica para atravesar a todo el cuerpo social, movilizando afectos, deseos y vida cotidiana en una dinámica que trasciende los límites entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio. Toda la vida social es (siempre siguiendo esta lectura) puesta a trabajar para generar valor en un movimiento donde la subjetividad, los afectos y las sensibilidades se ven integradas en la dinámica del capital. El contexto donde el capitalismo como lógica social se torna relevante para Preciado sería, entonces, la subsunción de la subjetividad y la vida social de conjunto en las redes de la valorización. Este es el tipo de lectura que encontramos en Pablo Iglesias Turrión:

Para estos autores [los postobreristas] la predicción que hiciera Marx en los Grundrisse sobre el fin de la ley del valor-trabajo se habría producido en el Postfordismo. De este modo, el Capitalismo actual habría sido capaz de subsumir en su lógica de generación del beneficio el conjunto de la vida y, en particular, como señala Preciado, las potencias de generar y sentir deseo y felicidad (Iglesias Turrión, 2009, p. 9).

Puede encontrarse una interpretación parecida en Gulino (2014), que menciona cómo la propia “naturaleza humana” es gestada en la vida social contemporánea, en un proceso donde cuerpos y subjetividades son movilizados en la dinámica del capital. En este proceso, el conjunto de la vida cotidiana -incluyendo los afectos y las subjetividades- es movilizado por el capitalismo. El régimen farmacopornográfico explota la “potencia orgásmica” social poniéndola al servicio de una acumulación articulada con la satisfacción de los cuerpos masculinos heterosexuales (Gulino, 2014, p. 2).

Salazar realiza una aproximación similar cuando encuadra la lectura de Preciado en el concepto de “plusvalor maquínico” de Deleuze y Guattari. El capitalismo ya no se rige por la medición del tiempo de trabajo empleado efectivamente en la jornada laboral sino por una serie de “agenciamientos maquínicos” donde se articulan el cuerpo junto con otras máquinas “informáticas, tecnológicas, comerciales; pero también visuales y libidinales” (Salazar, 2011, p. 4). El plusvalor maquínico puede, se dice, extraerse en cualquier instancia de la interacción social y no sólo en el tiempo de trabajo propiamente dicho, con lo que todos los momentos de la vida colectiva, incluyendo la circulación de afectos y libido, participan de la acumulación.

El concepto de capitalismo farmacopornográfico implica un giro de género en la teoría del postfordismo de los teóricos postobreristas. Si el capitalismo coloniza toda la vida social y pone afectos, cuerpos y subjetividades a trabajar por igual dentro y fuera de la fábrica, es preciso considerar cómo la producción de orgasmos, la gestión económica del placer y la modificación farmacológica de los cuerpos participan de la valorización. Preciado construye el concepto de potentia gaudendi para dar cuenta de esta generación y modulación capitalista de la sexualidad. “En el capitalismo farmacopornográfico, la fuerza de trabajo ha revelado su verdadero sustrato: fuerza orgásmica, potentia gaudendi. Lo que el capitalismo actual pone a trabajar es la potencia de correrse como tal” (Preciado, 2009, p. 38), cursivas originales). El cuerpo de la potentia gaudendi no es “ni organismo ni máquina” sino un “tecnocuerpo”, una “entidad tecnoviva multiconectada que incorpora tecnología” (Preciado, 2009, p. 39). Los cambios técnicos, las transformaciones farmacológicas producidas al nivel del cuerpo y la sexualidad son puestas a trabajar de manera flexible, localizada y múltiple por el capitalismo farmacopornográfico.

En línea con la conocida crítica de Foucault a la “hipótesis represiva”, Preciado sostiene que los afectos y las sexualidades son producidos antes que reprimidos por las dinámicas sociales. “El mercado no es un poder exterior que viene a expropiar, reprimir o controlar los instintos sexuales del individuo […] El cuerpo no conoce su fuerza orgásmica hasta que no la pone a trabajar” (Preciado, 2009, p. 41). El capitalismo produce cuerpos y sujetos a partir de su continua sexualización, en un proceso mediado tecnológicamente donde se incluyen las telecomunicaciones, la industria farmacéutica y la sexualidad. Así se produce el sujeto hegemónico contemporáneo, “a menudo codificado como blanco, masculino, heterosexual” y también “farmacológicamente suplementado” (Preciado, 2009, p. 42).

El capitalismo farmacopornográfico “no produce cosas. Produce ideas móviles, órganos vivos, símbolos, deseos, reacciones químicas y estados del alma” (Preciado, 2009, p. 45), levantando un enorme régimen donde se trata de “excitar y controlar” a los cuerpos subjetivados y sexualizados. El postfordismo se flexiona en términos de una sexualidad que da réditos económicos y también genera subjetividades controladas a través de la producción orgásmica.

Podríamos denominar ‘Imperio sexual’ (sexualizando la expresión de Hardt y Negri) a este sistema de construcción biopolítica que toma como centro somático de invención y control de la subjetividad el ‘sexo’ del individuo moderno (Preciado, 2009, p. 59).

En síntesis: existe toda una corriente de lectura de Preciado, con buen fundamento en sus textos (en particular Testo yonqui), que se centra en el cruce entre subjetividad, sexualidad y capitalismo postfordista. El régimen farmacopornográfico es una forma de poner a trabajar a la potentia gaudendi y producir tecnológicamente subjetividades en el marco de procesos capitalistas que ya no pueden contenerse dentro de los límites de la fábrica y se han hecho extensivos a toda la sociedad. Preciado aparece entonces en continuidad con las teorías del postfordismo, a las que reformula desde una lectura transhumanista centrada en la producción de sexualidades en el mercado contemporáneo.

Sin oponerme a estas lecturas, en este trabajo me propongo ensayar una interpretación diferente del pensamiento de Preciado desde una lectura inspirada en Marx. Me propongo releer el “fragmento de las máquinas” de los Grundrisse a partir del concepto de prótesis desplegado en Manifiesto contrasexual. No me centraré en los procesos de valorización que, se dice, vendrían a darse fuera de la fábrica. En cambio, intentaré repensar las relaciones entre maquinismo, cuerpo y subjetividad en Marx sobre la base del modelo biodrag sobre la subjetividad y el género. Esta relectura de Marx después de Preciado llevará a una iluminación recíproca entre el maquinismo y la producción tecnológica y protésica de subjetividades. La teoría de Preciado de la prótesis permite, sostendré, leer el “fragmento” de Marx en una clave transhumanista donde el despliegue multilateral de potencias sociales en la producción moderna podría exceder los confines de lo humano. La vuelta a Marx, a su turno, permite encuadrar los procesos de aprendizaje social y transformación tecnológica en cuyo marco la concepción de la prótesis de Preciado adquiere significado y relevancia.

El concepto marxiano de individuo social, que no es tematizado por Preciado, está en el centro de la relectura que propongo. Se trata de un individuo cuyas capacidades y necesidades son producidas socialmente por el intercambio universal en el mercado mundial. Sus fuerzas y deseos devienen sociales en un sentido específico: no son producidos por una cultura tradicional ni surgen inmediatamente de la biología. En cambio, son gestados en el intercambio universal a nivel planetario. El capitalismo socializa las fuerzas de producción en cuanto las universaliza, tendiendo (si bien de manera desigual) a generalizar los adelantos técnicos al conjunto de las unidades productivas en el mercado mundial. A la vez, se generalizan las necesidades humanas, en un proceso de creación social de necesidades nuevas mediado por el mercado. Este proceso homogeneiza los deseos y las búsquedas bajo la égida de la valorización pero también los pluraliza, generando derivas, transformaciones y multiplicaciones en los modos de consumo sociales. El movimiento de pluralización universal o multiplicación socialmente mediada que es puesto en marcha por el capitalismo crea (si bien de forma alienada) al individuo social, cuyo despliegue multilateral constituye para Marx una posibilidad emancipatoria para una sociedad post-capitalista.

Marx, sin embargo, concibe la gestación del individuo social en clave humanista. Se trata de un movimiento de pluralización y universalización simultáneas de las necesidades y capacidades humanas, donde cada individuo llega a gozar de una multilateralidad humana históricamente inédita a partir de los movimientos de internacionalización motorizados por el mercado. En la génesis del individuo social tiene un rol central el pasaje del trabajo artesanal al maquinismo: las máquinas hacen que las fuerzas “sociales generales” de la ciencia y la técnica se conviertan en la principal fuerza productiva del trabajo. Este individuo es producido socialmente en un proceso que incluye las innovaciones técnicas, los procesos de generalización e intercambio del conocimiento y los incrementos de productividad a nivel del mercado mundial. Esa producción social y maquínica del individuo, empero, es concebida por Marx como una universalización de potencialidades humanas antes que como un proceso que permita trascender los confines de la concepción heredada de humanidad.

Preciado, por su parte, se apropia de la teoría queer prestando especial atención a los procesos de producción de subjetividad mediados técnicamente. Como señaló Gros, Preciado reemplaza el modelo performativo-teatral de construcción de identidades de Butler por un modelo biodrag donde la subjetividad sexual es gobernada por “dispositivos biotecnológicos de carácter microprostético” (Gros, 2016, p. 16). La tecnología y la maquinaria moderna, en particular desde la invención de prótesis y de hormonas sintéticas, producen la subjetividad y el género. El proceso de subjetivación generizada es atravesado por los cambios técnicos. Este planteo no recae en las usuales críticas a Butler que le achacan ignorar una supuesta materialidad de los cuerpos que sería previa al lenguaje. No se trata de la oposición entre materia y código, sino de pasar de un modelo teatral a uno tecnológico para pensar la producción de subjetividades. Preciado trasciende la concepción performativa del género aportando una lectura de los procesos técnicos de control de la subjetividad. El género no es mera performance, es también hormona, prótesis, máquina socialmente producidas.

La lectura de Marx después de Preciado que propongo propone una doble iluminación. Por una parte, pretendo encuadrar el modelo de construcción biodrag del género en el movimiento general de la sociedad capitalista que produce al individuo social. Las transformaciones farmacopornográficas contemporáneas pueden desentrañarse entonces como instanciaciones ulteriores de las mutaciones que el capitalismo introduce en la producción material y la producción de subjetividades. Por otra parte, intentaré reformular la idea de Marx del individuo social en una clave transhumanista. Partiendo de las concepciones de Preciado sobre la prótesis y la máquina es posible revisitar el proceso de pluralización y universalización de necesidades y capacidades pensado por Marx, pero más allá de todo marco humanista. Ya no se trata de transformaciones atribuibles al ser humano como sujeto sino de nuevos deseos y posibilidades que surgen directamente en el intercambio entre cuerpos, máquinas y naturaleza inorgánica en el proceso social. Así, el individuo social puede revelar su faz transhumana, en la que el proceso de modificación técnica de las necesidades y capacidades socialmente generadas conduce en potencia más allá de lo humano.

Dildo, prótesis, máquina

Preciado explicita una analogía con Marx en la elección del punto de partida de su análisis. Así como Marx parte de la mercancía, Preciado comienza con un objeto “que puede parecer marginal” (Preciado, 2002, p. 17): el dildo. La teorización del dildo se enmarca irónicamente en una concepción protésica del género y el cuerpo donde toda idea de originalidad natural o biológica ha sido desplazada. El dildo aparece como paradigma epistemológico de una concepción donde las prótesis no vienen a colmar la falta de órganos naturales originales y bien formados sino a redefinir la naturaleza misma a partir de una intervención maquínica. Preciado cruza la teoría queer de Butler donde el género es constituido por la cita de normatividades establecidas en el lenguaje con una concepción foucaultiana de la tecnología que articula cuerpos, prácticas y máquinas para producir efectos de subjetividad. Este cruce le permite ofrecer una versión de la teoría queer estructurada tecnológicamente, donde el género es producido en forma bio-drag por la articulación de máquinas y cuerpos en un contexto donde no hay una “originalidad” natural.

Por una parte, Preciado considera que los roles de género no responden a modelos invariantes insciptos en la biología ni a constantes ontológicas o antropológicas. Los roles asignados de hombres y mujeres no son sino “construcciones metonímicas del sistema heterosexual de producción y reproducción que autoriza el sometimiento de las mujeres como fuerza de trabajo sexual y como medio de reproducción” (Preciado, 2002, p. 22). Las identidades masculina y femenina heredadas no son más que construcciones sociales e históricas ligadas a regímenes de dominación que garantizan, en un principio, los privilegios de los varones heterosexuales por sobre las mujeres. No existe una naturaleza humana previa en cuyo seno se inscriba la diferencia sexual, sino que “La naturaleza humana es un efecto de tecnología social que reproduce en los cuerpos, los espacios y los discursos la ecuación naturaleza = heterosexualidad” (Preciado, 2002, p. 22). Los roles de género establecidos, luego, no son originarios: no existen el hombre y la mujer ontológicamente antes de las prácticas, codificaciones y formas de nombrar que los crean en condiciones históricas precisas donde se plasman, además, relaciones de poder. Los géneros son “operaciones de re-citación de los códigos (masculino y femenino) socialmente investidos como naturales” (Preciado, 2002, p. 23) en cuyo seno se inscribe a los cuerpos. En síntesis: no hay una sexualidad originaria encerrada en el interior de cada individuo que se expresaría luego en sus actos, vínculos y modos de habitar el cuerpo. Por el contrario, la pura superficie de las performances lingüísticas y corporales constituye los géneros. La constante citación del código establecido genera también pequeñas mutaciones, desplazamientos sutiles, apropiaciones irónicas y reiteraciones diferenciales que transforman los géneros establecidos en el mismo movimiento por el que los constituyen y actualizan.

El género es un efecto de los códigos lingüísticos y sociales que lo producen, no los precede como modelo. Cuando los cuerpos individuales realizan prácticas ritualizadas de repetición del género no responden a un original previo a la propia práctica de citación. El género se constituye en el conjunto de citaciones socialmente instituidas que lo actualizan cada vez. No está encerrado o escondido en un mundo preexistente de determinaciones puras anteriores a su puesta en acto cada vez en condiciones históricas determinadas. Luego, la copia precede al original o los propios roles de género, en lugar de preexistir como arquetipos, se construyen en el conjunto de prácticas en que se los “imita”, cita, repite. Las prácticas siempre diferenciales de citación erigen los modelos citados, que entonces carecen de anterioridad ontológica con respecto a su iteración que siempre difiere. De ahí que los “modelos” de los roles de género instituidos no son previos a la práctica misma en que son actualizados: la heterosexualidad “debe re-inscribirse continuamente” (Preciado, 2002, p. 23).

El pasaje de una concepción performativo-teatral del género a una mirada biodrag se da cuando se articulan las consideraciones de arriba con una teoría de las prótesis que también descoyunta el binarismo entre naturaleza y artificio, entre cuerpo original y reemplazo protésico. Así como no hay roles de género naturales anteriores a su actualización en prácticas situadas de citación, tampoco hay un cuerpo natural originariamente completo y bien formado anterior a su intervención protésica y tecnológica. La naturaleza es cada vez efecto de las tecnologías, maquinarias y dispositivos sociales en que se inserta. Preciado, siguiendo a Foucault, piensa la técnica como un “sistema de micro-poder artificial y productivo” (2002, p. 125). La figura del autómata (una máquina que se mueve a sí misma) permite contradecir los binarismos naturaleza/cultura, humano/animal y macho/hembra (Preciado, 2002, p. 128). El robot está sometido a una ley de “performatividad paródica y mimética” (Preciado, 2002, p. 129) que pervierte los límites de la frontera naturaleza/cultura, superando la “metáfora mecánica” que piensa la máquina por imitación del cuerpo. Siguiendo de cerca la lectura de Marx, Preciado sostiene: “la máquina se convierte en sujeto y en organismo. Los obreros pasan a ser simples órganos conscientes” (2002, p. 129). El sistema automático de maquinaria se vuelve sujeto de la producción y los cuerpos orgánicos humanos meros apéndices conscientes, órganos reguladores de un mecanismo auto-moviente que no pueden controlar. Se pasa de la imagen del hombre-máquina a la “‘máquina viva’ [...] que se representa como una mujer o como un monstruo” (Preciado, 2002, p. 129).

Preciado introduce el desarrollo de la “masculinidad prostética” en esta historia de maquinismo y trabajo industrial. El cuerpo masculino debe ser reconstruido como fuerza de trabajo en la primera posguerra: “durante el siglo XX, la masculinidad se volverá progresivamente prostética” (Preciado, 2002, p. 130). Sin embargo, el propio cuerpo masculino que ahora es suplementado por prótesis ya era originariamente “prótesis orgánica” del sistema de maquinaria. La prótesis no es “simple instrumento que reemplaza a un miembro ausente” (Preciado, 2002, p. 131) sino que crea tecnológicamente cuerpos y sujetos, naturalezas y máquinas. Las máquinas y prótesis no se construyen imitando modelos naturales ni supliendo carencias orgánicas de cuerpos previamente completos. En cambio, la naturaleza es reconstruida y reformulada a partir de su intervención maquínica y protésica. La prótesis rompe el binarismo naturaleza/cultura y su base ontológica en la oposición original/copia. No hacemos prótesis para reemplazar órganos originales faltantes sino para alterar la constitución misma de lo que se pretende original.

La prótesis, pensada como una sustitución artificial en caso de mutilación, una copia mecánica imperfecta de un órgano vivo, ha transformado la estructura de la sensibilidad humana en algo que el nuevo siglo ha bautizado con el nombre de ‘post-humano’. Porque la prótesis no reemplaza solamente a un órgano ausente; es también la modificación y el desarrollo de un órgano vivo con la ayuda de un suplemento tecnológico. Como prótesis del oído, el teléfono permite a dos interlocutores distantes intercambiar una comunicación. La televisión es una prótesis del ojo (…) (Preciado, 2002, p. 132).

Las tecnologías desplegadas en el capitalismo alteran la composición de nuestros órganos originales creando retrospectivamente la carencia de la prótesis. La técnica moderna “inventa” las discapacidades que viene a suplementar. Luego, no hay un cuerpo originariamente completo que pueda por accidente perder órganos, que a su turno deban ser reemplazados. El reemplazo y la suplementación protésicos son formas de constitución tecnológica de los cuerpos como tales. “Cada nueva tecnología recrea nuestra naturaleza como discapacitada con respecto a una nueva actividad que requiere ser suplida tecnológicamente” (Preciado, 2002, p. 133, cursivas originales). El cuerpo, incluso el cuerpo “completo” y “sano”, siempre-ya ha sido atravesado por tecnologías cuya racionalidad es protésica.

Preciado piensa la técnica en la misma clave ontológica posestructuralista con la que concibe el género. En ambos casos se trata de procesos de reiteración diferencial sin original, repeticiones creativas donde los modelos ontológicos no son previos al dinamismo siempre alterante de su puesta en acto. Articulando ambas perspectivas (la teoría de la prótesis como tecnología de producción de cuerpos y la teoría del género como producción histórica y social) se construye el modelo bio-drag de la sexualidad. Dado que “no es posible aislar los cuerpos (como materiales pasivos o resistentes) de las fuerzas sociales de construcción de la diferencia sexual” (Preciado, 2002, p. 126), es necesario estudiar el género desde el punto de vista de los procesos tecnológicos que lo producen. “El género no es simplemente performativo (…) El género es ante todo prostético, es decir, no se da sino en la materialidad de los cuerpos. Es puramente construido y al mismo tiempo enteramente orgánico” (Preciado, 2002, p. 25). Reconstruir las identidades de género supone dar cuenta de los cruces entre tecnología y corporalidad que las producen, en un marco donde la naturaleza siempre está siendo atravesada protésicamente por maquinarias que redefinen sus contornos. Las subjetividades generizadas se producen en un conjunto de actos performativos de citación del código. Pero esos actos están atravesados por tecnologías que articulan cuerpos, máquinas, sujetos y entornos naturales de maneras específicas y variables.

Es en el marco reconstruido arriba que el dildo, un objeto entre insignificante y despreciable, acaso digno de ser ocultado, adquiere la máxima relevancia filosófica. Si la prótesis precede al órgano natural como los actos de citación del código preceden al género, el dildo es un objeto privilegiado para comprender la constitución tecnológica de las subjetividades: “El dildo antecede al pene” (Preciado, 2002, p. 20). No reemplaza un pene ausente sino que desarma el binarismo hombre/mujer y el sistema de privilegios masculinos heterosexuales que le están asociados. La historia de tecnologías del sexo que produce la “naturaleza humana” cada vez se encuentra en el dildo con lo frágil, contingente y susceptible de derrumbe de la masculinidad construida. Si el cuerpo masculino fue creado por una serie de suplementaciones protésicas, entonces puede ser reemplazado o incluso destruido. Puesto que el dildo no copia al pene, el pene que quiere asumirse como original se ha vuelto históricamente obsoleto. La masculinidad que lo porta puede ser parodiada, alterada, descuartizada y reconstruida: no constituye un fundamento necesario del orden social-sexual ni una invariante natural.

Las tecnologías prostéticas que prometían la reconstrucción del cuerpo masculino amenazaban la posición ‘natural’ de poder del hombre en la familia, la industria y la nación. Si el cuerpo masculino (órganos sexuales incluidos) podía construirse prostéticamente, también podía, pues, deconstruirse, desplazarse y, por qué no, reemplazarse (Preciado, 2002, p. 131).

El dildo no es el medio por el que las lesbianas pueden entrar al paraíso masculinizado del falo. Por el contrario, revela la precariedad ontológica, el carácter construido, frágil y susceptible de alteración de las categorías varón/mujer (y homosexual/heterosexual) construida: “La invención del dildo supone el final del pene como origen de la diferencia sexual” (Preciado, 2002, p. 64). Al parodiar y descontextualizar la masculinidad heterosexual, el dildo, como el drag king, desestabiliza las identidades de género constituidas.

El modelo biodrag de Preciado, en resumen, comprende el sexo como resultado de tecnologías donde las performances teatrales se cruzan con las intervenciones protésicas. Este modelo permite comprender las máquinas sexuales que existen en la “zona intermedia entre órganos y objetos” (Preciado, 2002, p. 77). Se despliega entonces una serie de “efectos de transformación de la carne implicados en toda invocación performativa de la identidad sexual” lo que conduce “al intento de reformular la identidad de género en términos de incorporación prostética” (Preciado, 2002, p. 77). El sexo, en resumen, es producido por tecnologías sociales e históricas que redefinen o renegocian la relación entre artificio y naturaleza, produciendo los cuerpos generizados a partir de mecanismos de intervención protésica que se cruzan con actos performativos. No existe una naturaleza previa a la intervención de la prótesis, sino que las invenciones maquínicas que rodean y habitan a los cuerpos crean los contornos de su naturalidad cada vez construida. El proceso de producción del género se encuadra, pues, en el proceso de producción maquínica general y, con ello, en la lógica y dinámica del capital. La invención del género en el capitalismo no es ajena a otras invenciones como el maquinismo, las hormonas artificiales, las prótesis, etc.

Riqueza e individuo sociales

¿Es posible releer a Marx desde las consideraciones citadas arriba? Sostendré que podemos proyectar las tesis de Preciado sobre el “fragmento de las máquinas” en los Grundrisse para producir una doble iluminación textual. De un lado, es posible descubrir las dinámicas sociales en curso que subyacen a las tecnologías del sexo modernas. Del otro, es posible salir del binarismo humano/naturaleza en el que todavía trabaja Marx para comprender el potencial no sólo liberador, sino incluso transhumanista de la tecnología moderna.

Marx analiza el desarrollo de la maquinaria desde el punto de vista de la adecuación material del proceso de producción a las exigencias formales de la valorización. La producción misma, en el capitalismo, experimenta una serie de transformaciones tecnológicas y organizativas a lo lar