Al vaivén de las mareas

  • Marcela Cuero Rodríguez

Resumen

De conversa en conversa se dice y se cuenta, que la luna amorosa es quien las trae y las lleva de vuelta. Todos los hombres y las mujeres ribereñas la respetan, porque las mareas les rinden su ayuda y calladamente los invitan a navegar en la calmada de la aurora, en el fresco crespúsculo y en la romántica y estrellada noche. 

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Biografía del Autor

Marcela Cuero Rodríguez

Nació a orillas del rio Guapi, en el departamento del Cauca. Es diseñadora Industrial e intérprete de lengua de señas colombianas. Escribe poesía Moderna y uno de sus admiraciones literarias es Walt Whitman. La participación en el Maletín constituye su primera publicación, y el relato Al vaivén de la marea es su primera incursión en el costumbrismo, camino que pretende seguir cultivando. Para Marcela Cuero, el uso de la escritura es un método de sanación y autoreconocimiento. Las letras me permiten ser yo, sin tapujos no miedos.

Publicado
2018-09-25
Como citar
CUERO RODRÍGUEZ, Marcela. Al vaivén de las mareas. Poligramas, [S.l.], n. 46, sep. 2018. ISSN 2590-9207. Disponible en: <http://revistas.univalle.edu.co/index.php/poligramas/article/view/7019>. Fecha de acceso: 19 dic. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/poligramas.v0i46.7019.
Sección
Hojarascas

Al vaivén de las mareas

De conversa en conversa se dice y se cuenta, que la luna amorosa es quien las trae y las lleva de vuelta. Todos los hombres y las mujeres ribereñas la respetan, porque las mareas les rinden su ayuda y calladamente los invitan a navegar en la calmada de la aurora, en el fresco crespúsculo y en la romántica y estrellada noche.

Sube el agua y baja el agua
Siempre en su eterno pasar
Al ritmo de la marea
Al son de bombo y guasá
Hablando de las mareas
Me contaba mi tía Bruna
Que las produce la luna
Con un extraño poder
Que disque influye también
En el corte de la palma
En la siembra de la caña
En la tala de madera
Y por su fuerza certera
Sube el agua y baja el agua
Cuando bajan la mareas
Quedan secos los esteros
Aparecen los tasqueros
Los cangrejos, el piacuil
Cruza torpe un alguacil
Que está preso en el barrial
Mientras el alcaraván
Lanza al viento su tañido
Y el agua, un adiós dormido
Siempre en su eterno pasar
Es el mangle centenario
El alma del litoral
Allí vamos a sacar
Piangua, zangara, ostión
Chorga fresca, caracol
Cangrejo azul, con almejas
Mientras sus garras entrena
Un tigrillo en el manglar
Y todo viene y se va
Al ritmo de la marea
En noches de luna llena
En la fiestas de mi pueblo
Despertamos con el trueno
Del trabuco o el cuetón
Un traguito de arrechón
Nunca nos puede faltar
Un caldo de munchiyá
Una porción de econcao /
Para bailar currulao
Al son de bombo y guasá

Cada pescador es un hombre de corazón grande, un tejedor de esperanza en el océano inmenso. Ilumina la oscuridad de la noche justo antes de que el alba se pronuncie. No teme ser quemado por el sol, ni siquiera en los días más calurosos.

Muy temprano Domitilo
Sale de su casa al mar
Llevando redes de pesca
Y tabaco pa’ mascar
Sin importar marejada
Atraviesa los manglares
Recorrindo los lugares
Que jugó cuando niño
Al trompo o al zumbambico
Pescador de gran estilo
Buen hijo, padre y amigo
Con lluvia o con tronazón
Bien temprano Domitilo
Al principio de su marcha
Paisaje verde y azul
Recorriendo al mar del sur
Algo hondo y ligero
Peces y pájaros ciegos
Aparecen en su andar
Recorriendo aquel lugar
Una cárcel infinita
De pesca al flor del día
Sale de su casa al mar
La intensa fuerza del agua
Empujando la canoa
Colabora con el boga
Que muy cansado se siente
De embarcar tantos peces,
Luego prende su yesca
Pa' quel frio desaparezca
Metido en la resaca
Amontonando lo que saca
Llevando redes de pesca
Al golpe de la marea
En noches de luna llena
Domitilo va con ella
Por las olas cabalgando
y su corazón vibrando
Queriéndose acercar
a su casa y descansar
Pronto llega, se arrancha
Encuentra a su muchacha
Y tabaco pa’ mascar

Como cada mañana, el sol lanza sus rayos desde el horizonte iluminando todo. La luz se escurre tímidamente por hendijas y grietas y del fango de la orilla comienza a salir una nubecilla danzarina de vapor. Es el aviso a las mujeres de que la hora del oficio llegó.

Al pronunciarse al alba
Y con la marea baja
Se embarcan las concheras
Con mi tía Bruna vieja
Estando bajas la mareas
En su canoa de tangaré
Tía Bruna va a recoger
En los bajos ricas chorgas
Acompañada de Olga
Y su sobrina Rosalba
Quien muy bien se percataba
De aquel momento propicio
Para hacer ese, su oficio
Al pronunciarse al alba
Cuando llegan a los bajos
Sacan chorgas a montón
Ya sea con lluvia o sol
Mujeres de gran valor
Trabajan con gran dolor
Hablando en voz susurrada
Dicen vender sin rebaja
Ellas mismas se animan
Arrimándose a la orilla
Y con la marea baja
Los viajes son agradables
Pues conversan y conversan
Contando sus experiencias
Tía Bruna, una vieja dura
Ni siquiera tiene arrugas
Y en sus años de chorguera
El mar le ha entregado a ella
Un mosaico de alimentos
Con canaletes y asientos
Se embarcan las concheras
El potrillo va repleto
Lo cargaron demasiado
Mocho molusco echaron
Una ola vino muy fuerte
Queriendo tapar su frente
Les cayó agua en la oreja
Y asustadas todas ellas
Achicaban y bogaban
Y después hasta rezaban
Con mi tía Brunavieja

El movimiento es el ritmo de la vida que coordina y regula la naturaleza: la tierra, el aire, el sol, los latidos del corazón que son del hombre el motor. Allí se lee la energía del hombre negro del trópico, cuando la región va entonando sus cantos: berejù, patacoré y bambuco viejo.

Bien le suena ese bambuco
Cuando el cununo resuena
Y pa’ no perdé el encanto
Ellas mueven sus caderas
La marea sube y baja
En un sonoro cantar
La decide acompañar
La melodiosa marimba
Siempre la eterna amiga
Del bombo y del cununo
Después de tomarse uno
Un buen traguito de viche
Domitilo bailando dice
Bien le suena ese bambuco
Ese ir y ese venir
Es de las agua un ritual
La luna interfiere más
Pues la marimba lo sabe
Por eso canta su salve
Al golpe de la marea
Y para ser más certera
El jolgorio se ha prendido
Parejos bailan junticos
Cuando el cununo resuena
Como siempre en la mañana
El sol lanza sus rayos
Y todos enguayabados
Que les duele la cabeza
Que se consiga cerveza
O más bien un buen caldo
De pescado con cilantro
Que le echen cimarrón
Y que busquen camarón
Pa’ que no pierda el encanto
Cuando sube la marea
Y es noche de pleamar
La arrechera de bailar
Pone a Domitilo sabroso
Él va y guarda su chinchorro
Después coge una pareja
Y bien duro si la aprieta
Con ese canto sonoro
Y al ritmo de un solo tono
Ellas mueven sus caderas

En la algarabía instrumental se expresa vigor, el hombre con pañuelo salta y salta invitando a la pareja que salga al ruedo a bailar, muy cerquita el uno del otro en dos hileras que avanzan. Todo el Pacífico goza.

Los bailes e instrumentos
De este bello litoral
Se mueven y suenan todos
La marea da el compas
Bombo hembra, bombo macho
Se acompañan al sonar
Mi abuelo sabe tocar
El sabroso corrulao
También hasta lo ha bailao
Pero fue solo un momento
Por eso yo hoy les comento
Lo que uno puede hacer
Cuando decide conocer
Los bailes e instrumentos
El currulao es el rey
En Buenaventura y Guapi
También lo bailan en Napi
Chico Pérez y San Cipriano
El hombre zapalateando
Empieza a coquetear
Pa’ poder enamorar
A una hermosa dama
Utiliza las mañas
De este bello litoral
Hablado ya de la juga
Yo me voy para Tumaco
A comerme un encocao
Para moverme mejor
Cuando repica el tambor
Moviéndome como un toro
Con ese canto sonoro
Pues nadie se queda quieto
Parejas e instrumentos
Se mueven y suenan todos
Un bunde escucho sonar
Dijo claro mi tía Bruna
En una noche de luna
El pañuelo hay que mover
Si le provoca también
Un canto puede entonar
Moviendo usted guasá
Con un pasito elegante
Para atrás y pa’ delante
La marea da el compas

En un silencio terrible podía escucharse el remolino del viento enredado en las olas. Los pescadores entienden la expresión y en un coro de aleteo emprenden la huida, bogando en todas las direcciones, invocando santos y entonando rezos para llegar a sus casas de nuevo.

En su casa marinera
Los pescadores se van
Comparten las historias
Que luego han de narrar
Estático él contempla
Lo profundo que es el mar
Cuando sale a pescar
Va llevando en su canoa
Vela abierta en la proa
De manera muy ligera
Con el viento se menea
Y este hombre moreno
Ha embarcado el remo
En su casa marinera
Con fuerza de voluntad
La tristeza el ahoga
En la furia de las olas
Con sudorosa sonrisa
El cuerpo le huele a brisa
Adueñándose del mar
Cuando empieza a bajar
La marea en media luna
Con frio o con hambruna
Los pescadores se van
Es el mar quien aprisiona
La infinita inmensidad
Pues muy extendido esta
Por el norte y por el sur
Un largo camino azul
Que guardan en su memoria
Porque la niña Victoria
Es quien siempre les pregunta
Y como a ellos les gusta
Comparten las historias
Estando el agua alta
El pescado no abunda
Después se vine la lluvia
El brasero se apagó
Quel chinchorro se dañó
En las afueras del mar
Sin nadita que mascar
Estos hombres pescadores
Lo que traen son dolores
Que luego han de narrar

No cabe más que esperar y confiar en el día siguiente. Así pasa la vida pendiendo de un hilo entre batallas cotidianas que marchitan la fe. Se espera el sol que vendrá por la nube gris de la noche que se llena de sombras tras la derrota del agua. No cabe más que hacerse al pie de una botella de viche, y al ritmo de la marimba, llorar sus muertos.

Está el trópico costero
Muy bajo al nivel del mar
Cuando llega puja grande
Los pueblos se inundarán
El cuerpo empieza a sudar
Pues limita con el sol
Quien da un tremendo calor
Cuando estamos en verano
La quiebra viene temprano
Y se secan los esteros
Un desfile de cangrejos
Muy desesperados se ven
Bien caliente y sin llover
Está el trópico costero
En este pequeño pueblo
Se presentan muchos males
Se mueren los animales
Por sequía o inundación
Si a la gente le va mejor
No me quiero imaginar
Lo que pasa en el manglar
Y en invierno en los esteros
Está el pueblo costero
Muy bajo al nivel del mar
La costa, novia del viento
y amiga de sol y luna
Testiga es de la puja
Que abraza los caserios
Las calles se vuelven ríos
A muchos les da calambre
No se asuste no se alarme
En mi calma en mi pensar
Bien inútil es luchar
Cuando llega puja grande
Firmes paredes de bareque
Hacen protesta pacífica
La ocasión lo amerita
Y cuenta mi tío Simón
Que se moja hasta el fogón
Y a este paso que van
Las aguas del litoral
Con su bajar y subir
Si sigue aumentado así
Los pueblos se inundarán

¡Barajo la pendejada, compañero pescador! Hombre mediterráneo, hombre de gran valor, conocedor de aguas salobres y azuladas, de las mareas fluyentes de las que la luna es brújula, pescador de sueños y alimentos que luego vende para quedarse sin ninguno. ¡Barajo la pendejada, compañero pescador!

Hay pescadores muy bobos
Siempre vende lo mejor
A su familia le dan
Canchimala y bocón
Pescadores asuerdados
Cogen pargo, camarón
Bargre, corvina, bocón
Tiburón y canchimala
Depues hace cosa mal
Se enfurece como un lobo
Si la mujer busca el modo
De comerse el camarón
Él no acepta esa opinión
Hay pescadores muy bobos
Póngase a considerar
El trabajo que se pasa
Cuando se sale de casa
A las afueras del mar
Y tiene que madrugar
Con canalete o motor
A veces con ventarrón
El pescado que ha cogido
Lo lleva al cuarto frío
Siempre vende lo mejor
La mujer también se cansa
Cuando él llega de pescar
Destripar y destripar
Es lo que a ella le toca
Y se vuelve una loca
Con ese tremendo afán
Porque quiere terminar
La mujer ya tiene sueño
Y los peces más pequeños
A su familia le dan
Queriendo tener dinero
Para comprar motosierra
Y poder cortar madera
Construirse una casa
Para vivir con la amada
Después engendra un barón
Se sentirá mucho mejor
Su compañero ha de ser
Quien también viene comer
Canchimala y bocón

Lo manglares han visto al mar soberbio descrestarse sobre el fortín de sus raíces rudas y caer doblegados ante su bravura frente a la calma de los alcatraces. Han oído lamentos y maldiciones que grabadas han quedado en el lodo, también han visto al sol morir en los recodos.

En un bonito danzar
Los vientos lo acobijan
Pues de todo aquel lugar
El manglar es el vigía
Del viento es testigo
Y vigilante es del mar
Hablándole del manglar
De yodo y sal siempre ebrio
Vecino es de los esteros
Que ven el agua pasar
Con el subir y el bajar
De las hermosas mareas
Seres vivos se pasean
En un bonito danzar
En las noches estrelladas
La luna medio se asoma
Imagíneselo ahora
Navegando en menguante
En una canoa grande
La pilota es quien la guía
Hasta llegar a la orilla
Domitilo va bogando
Y su camino marcando
Los vientos lo acobijan
El remo se hace esperanza
Cuando hay tormenta en el mar
Los negros dejan de pescar,
Recogen su mayador
Con espíritu remador
Esquivando vendaval
Con la marea se van
Entonan cantares
los dichos y refranes
Pues de todo aquel lugar
Le pregunta el hondo mar
¿Negro que te ha pasado?
Hoy has venido callado
Si te duele el corazón
Olvida y se acabó
Es solo una tontería
En voz bajita decía
De su roto corazón
En más de una ocasión
El manglar es el vigía

En un movimiento vertical y horizontal, las aguas son arrastradas por la amorosa luna, un vaivén, un subir y un bajar, un ir y un venir las podrían definir. Los mareños las disfrutan porque comprenden que ese es su juego. Las mareas melifican los manglares y esteros y a los hombres les traen su sustento.

Son las aguas y la luna
En un juguetón romance
Van y vienen muy juntas
Quisiera a usted contarle
Sube, sube la marea
Arropando los manglares
Que desnudos han de quedarse
Cuando el agua baja lenta
Y al pasar la tormenta
Las mujeres una a una
Sin renegar ninguna
Se preguntan las comadres
Si las que van a guiarles
Son las aguas y la luna.
En cabeza de agua señores
Se mete el mar a mi casa
Se desplazan las cucarachas
Salen culebras y sapos
Yo cojo un gran garabato
Cuando de su escondite salen
En las noches de menguante
Les tiro las pilas del radio
También pepitas ajos
En un juguetón romance
Si esta en cuatro de quiebra
Las aguas bajan están
Para encontrar el manglar
Solito pa las mujeres
Quienes llevan sus enseres
Entre ellas las chalupas
Y naditas les preocupa
Enredadas en el lodo
Encontrando así el modo
Van y vienen todas juntas
Pleamar y bajamar
Muy grandes y muy pequeñas
En las historias de abuela
Uno escuchó decir
Que nunca llegó a sufrir
Por piangua pa los tamales
Sacaban de los raizales
Todo lo que querían
Eso les daba alegría
Quisiera a usted contarle