Consideraciones sobre las actitudes lingüísticas de señantes de lengua de señas colombiana frente a los neologismos y a los señantes de la comunidad Árbol de Vida

  • Yenny Cortés Bello
  • Óscar Chacón Gómez

Resumen

Se abordaron las actitudes lingüísticas de señantes sordos de lengua de señas colombiana (LSC) residentes en Bogotá hacia señantes sordos de la Fundación Árbol de Vida (Fundarvid) y el uso de los neologismos propuestos por dicha fundación. Se realizaron doce entrevistas, para las cuales se consideraron las variables edad, género y nivel de instrucción. Doce señantes observaron una muestra de cinco discursos de personas sordas en lengua de señas grabados en video. En dos de los videos, los señantes pertenecían a Fundarvid, aunque solo uno de ellos empleó los neologismos. Las respuestas se tradujeron al español escrito y, finalmente, se realizó el análisis estadístico de los datos obtenidos. Entre los resultados se encontró un rechazo general hacia los señantes de Árbol de Vida, ya que los sordos entrevistados consideraron que las señas y la forma de señar de estos señantes no era “natural”.

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Biografía del autor

Yenny Cortés Bello

Lingüista de la Universidad Nacional de Colombia y magister en Lingüística del Instituto Caro y Cuervo. Intérprete y traductora LSC - español. Docente ocasional de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD y docente catedrática de la Universidad Agustiniana, Bogotá, Colombia. Ha participado y liderado investigaciones de aspectos lingüísticos y sociolingüísticos de la lengua de señas y la comunidad sorda colombiana. Áreas de interés académico: lingüística y sociolingüística de las lenguas de señas, lenguas de señas emergentes y lectoescritura. 

Óscar Chacón Gómez

Lingüista de la Universidad Nacional de Colombia y estudiante de la Maestría en Lingüística del Instituto Caro y Cuervo. Asistente Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia. Ha participado en investigaciones de lingüística hispánica, de socio y etnolingüística, y ha dictado cursos de lectoescritura en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Áreas de interés académico: lingüística y sociolingüística histórica, etnolingüística, lectoescritura y gramática.

Publicado
2017-02-27
Como citar
CORTÉS BELLO, Yenny; CHACÓN GÓMEZ, Óscar. Consideraciones sobre las actitudes lingüísticas de señantes de lengua de señas colombiana frente a los neologismos y a los señantes de la comunidad Árbol de Vida. Lenguaje, [S.l.], v. 45, n. 1, feb. 2017. ISSN 2539-3804. Disponible en: <http://revistas.univalle.edu.co/index.php/lenguaje/article/view/4617>. Fecha de acceso: 17 ene. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/lenguaje.v45i1.4617.
Sección
Artículos de investigación

Palabras clave

actitudes lingüísticas; lengua de señas colombiana (LSC); Árbol de Vida; formación de palabras.

INTRODUCCIÓN

Actualmente se reconoce, casi sin ningún problema la lengua de señas colombiana (LSC) como una lengua natural, propia de la comunidad sorda del país. Esta lengua minoritaria atraviesa por un proceso de desarrollo lingüístico y, como toda lengua natural, debe adaptarse a las necesidades comunicativas -y por tanto cambiantes- de sus usuarios, lo cual hace que tenga que adecuarse a nuevas funciones o contextos comunicativos. Esta situación se presenta debido a la inclusión de los sordos en nuevos y variados contextos sociales de los que eran sistemáticamente excluidos. De hecho, “la interdependencia lengua/contexto se evidencia, por ejemplo, en cómo la LSC afronta actualmente la construcción de léxico en áreas del saber específicas debido a la incursión de la comunidad sorda en espacios diversos” (Cortés & Barreto, 2013, p. 154).

No obstante, la comunidad sorda -como cualquier otra- no es homogénea. Desde hace unos años, como lo señaló Tovar (2010), se ha podido identificar una división de esta comunidad en dos grupos: de una parte están los sordos de generaciones más jóvenes pertenecientes a la comunidad Árbol de Vida y, de otra, los sordos de generaciones adultas-mayores y sordos jóvenes relacionados con instituciones como la Sociedad de Sordos de Bogotá (Sordebog) o con filiación laboral con la Federación Nacional de Sordos de Colombia (Fenascol). Esta división tuvo su origen en 1994, cuando un grupo de cuatro estudiantes sordos jóvenes se enfrentaron a la necesidad de adecuar su lengua a nuevas funciones comunicativas en el contexto académico. Por primera vez, los sordos accedieron a una educación formal en contextos educativos de inclusión, educación básica, media y posteriormente superior, pero no contaron con los recursos lingüísticos para referirse a esas realidades. Su lengua tuvo obligatoriamente que responder a esta nueva necesidad, así que un grupo considerable de sordos inició un proceso de creación de señas -vocablos-, en su mayoría para desenvolverse en el ámbito académico, pero posteriormente también para la cotidianidad. Este grupo, que contó con el apoyo y guía del primer intérprete reconocido en contextos académicos, dio vida jurídica a la Fundación Árbol de Vida (Fundarvid) en 1999 (Barreto, 2015).

Con este preámbulo en mente, nuestro objetivo fue explorar, en la ciudad de Bogotá, las actitudes lingüísticas de sordos señantes de LSC hacia señantes sordos de la mencionada fundación, con especial atención a las variables de edad y género, para dar cuenta de las consideraciones dadas hacia las innovaciones lingüísticas propuestas por sordos pertenecientes a Fundarvid. Lo anterior se debió a que la labor llevada a cabo por este grupo no ha sido bien vista por el resto de la comunidad, ya que han sentido que estos nuevos vocablos no cumplen con los parámetros formacionales para la creación de señas. Además, de que la “pureza” de su lengua se está perdiendo, puesto que consideran que en lugar de crear tanto vocabulario se deberían aprovechar otros recursos propios de la lengua de señas; por ejemplo, un mayor uso del componente no manual y uso del espacio. Esta situación ha generado grandes disputas y divisiones en la comunidad sorda bogotana, realidad que ya se ha extendido a otras regiones del país. De hecho, Tovar (2010) señala que:

La creación de neologismos en la lengua de señas colombiana (LSC) se ha convertido en un tema de discusión e, incluso, de disensión en la comunidad sorda colombiana en los últimos años. Por una parte, Árbol de Vida, un grupo de sordos altamente politizado, ha estado trabajando en la creación de nuevas señas en variados campos, aduciendo que muchas de las señas existentes o las que son propuestas oficialmente por las entidades que trabajan en pro de los sordos, en particular la Federación Nacional de Sordos de Colombia y el Instituto Nacional para Sordos, u otros grupos dentro del estamento educativo, no son lógicas y no ayudan en la conceptualización. (p. 278)

De lo descrito se desprenden dos problemas relacionados con la lingüística. En primer lugar, la creación de neologismos por parte de Fundarvid no es bien recibida por una parte de la comunidad sorda, como se puede ver en la siguiente cita: “Árbol de Vida no sigue los parámetros tradicionales de formación de las señas, lo que las hace incluso difíciles de utilizar” (Tovar, 2010, p. 278). En segundo lugar, como lo mencionamos antes, esto “se ha convertido en un tema de discusión e, incluso, de disensión en la comunidad sorda colombiana (….) Se quejan además, y con razón, de que se está generando una brecha lingüística en la comunidad” (Tovar, 2010, p. 278).

Así, la crítica hacia los neologismos propuestos por Árbol de Vida se convirtió en la principal motivación de este estudio. No obstante, nos centramos en las actitudes generadas por los usos de estos neologismos y por los señantes que los emplean. De esta forma, se diseñó una muestra con cinco (5) discursos en lengua de señas de personas sordas. De estas, dos son tomadas de señantes de Árbol de Vida, aunque uno solo emplea las innovaciones propuestas por Fundarvid. Se entrevistaron un total de doce (12) personas sordas a las cuales se les preguntó: ¿qué opina de la forma de señar de la persona que aparece en el video? Los resultados fueron analizados según la propuesta de actitudes lingüísticas de Moreno (1998).

LAS LENGUAS DE SEÑAS COMO LENGUAS NATURALES

Las lenguas de señas (LS) son consideradas lenguas naturales ya que cumplen, en las comunidades que las usan, funciones idénticas a las que cumplen las lenguas habladas por las personas oyentes: se adquieren naturalmente, permiten a los niños desarrollar el pensamiento, resuelven las necesidades comunicativas y expresivas cotidianas de la comunidad, se convierten en un factor de identidad de grupo, etc. (Oviedo, 2001, p. 31)

Stokoe (1960) señaló que la diferencia entre las lenguas de naturaleza visogestual y las lenguas auditivas orales radica en la modalidad en la cual se manifiestan. En palabras de Brentari (2002), en las lenguas orales existen articuladores tanto activos como pasivos en la producción del habla. Sin embargo, en las lenguas de señas, cada parte del cuerpo que participa en el “mecanismo del signo” -la cara, manos, brazos o torso- puede ser articulador activo o pasivo. De esta forma, las lenguas de señas emplean un mecanismo visual-gestual y las lenguas orales, un mecanismo auditivo-oral.

Ahora bien, partir de estas investigaciones permite contribuir a la historia de la lingüística moderna y, de hecho, a la historia de la humanidad, ya que las lenguas de señas no han tenido un papel relevante y, aún más, sus señantes son un porcentaje menor de la población total de cada país, lo que los convierte en comunidades lingüísticas minoritarias que experimentan desventajas y discriminación frente al resto de la población. Sin embargo, el aporte en los estudios del lenguaje y las lenguas está en reconocer una nueva forma de concebir el lenguaje. Es decir que la capacidad de comunicarse entre sí no se limita al campo auditivo-vocal, sino que también las manos, el cuerpo, la expresión facial y el uso del espacio circundante (espacio gramatical) constituyen un modo diferente de producir lengua.

La lengua de señas colombiana (LSC)

La lengua de señas colombiana es la lengua empleada por la comunidad sorda del país y, por ende, por las personas más cercanas a ellas -familia, amigos, etc.- y quienes les sirven de puente de comunicación en determinados contextos -los intérpretes-. En 1996, mediante la Ley Presidencial 324, se reconoció la LSC como lengua propia de la población sorda colombiana y, a la vez, se aceptó su estatus de lengua materna (primera lengua) de la comunidad sorda del país. Posteriormente, en el año 2002, la Corte Constitucional derogó el Artículo 2 por considerar que, tal como estaba redactado, obligaba a todos los discapacitados auditivos a ser usuarios de la LSC (Tovar, 2010).

Aun así, con la intervención del Estado el horizonte se prometía alentador, pues dicha ley no solo brinda el estatus de lengua propia de la comunidad sorda, sino que también garantiza algunos beneficios para esta comunidad. Por ejemplo, señala que esta lengua

como cualquiera otra lengua tiene su propio vocabulario, expresiones idiomáticas, gramáticas, sintaxis diferentes del español. Los elementos de esta lengua (las señas individuales) son la configuración, la posición y la orientación de las manos en relación con el cuerpo y con el individuo, la lengua también utiliza el espacio, dirección y velocidad de movimientos, así como la expresión facial para ayudar a transmitir el significado del mensaje, esta es una lengua visogestual. (Ley 324, 1996, art. 1)

Así mismo, expresa que “El Estado auspiciará la investigación, la enseñanza y la difusión de la lengua manual colombiana”. ( Ley 324, 1996, art. 3)

Finalmente, menciona que:

El Estado garantizará y proveerá la ayuda de intérpretes idóneos para que sea éste un medio a través del cual las personas sordas puedan acceder a todos los servicios que como ciudadanos colombianos les confiere la Constitución. Para ello el Estado organizará a través de entes oficiales o por convenios con asociaciones de sordos, la presencia de intérpretes para el acceso a los servicios mencionados. ( Ley 324, 1996, art. 7)

Además, sus señantes distinguen cierta variación en su forma y expresividad a nivel regional. Dicho aspecto ha sido comprobado, en parte, por algunas pocas investigaciones en el campo de la sociolingüística (Cortés & Barreto, 2013).

Tristemente, la historia de la comunidad sorda de Colombia y su lengua se desvanece con la muerte de líderes sordos. Hasta el momento, son pocas las acciones emprendidas para sistematizar la historia de los sordos en Colombia, en especial en Bogotá. Además, inevitablemente se debe reconocer que la historia de la comunidad sorda del país y de su lengua está altamente ligada a la historia de su educación. De esta manera, es nuevamente Oviedo (2001) quien realiza una breve síntesis de lo que se puede considerar como los principales elementos de la historia de la lengua de señas colombiana. Propone, basado en sus investigaciones, dos grandes momentos. En primer lugar, menciona un gran periodo que se extiende desde antes de la colonia hasta 1924. Durante ese lapso (que abarca la época de la conquista y la colonia) no se conocen datos sobre población sorda entre los indígenas o entre los “nuevos habitantes” llegados de diferentes partes del globo terráqueo (especialmente España). Todas las posibles preguntas encuentran sus respuestas en hipótesis que deben verificarse, para lo cual ha de tenerse en cuenta la posible presencia de códigos restringidos en suelo americano y su evolución hacia la lengua de señas, además del trato que los indígenas y las culturas de la época daban a las personas con limitaciones físicas. En segundo lugar, se encuentra el periodo después de 1924. En dicho año se llevó a cabo la fundación del internado católico de Nuestra Señora de la Sabiduría, institución de corte oralista2 que, sin embargo, sirvió de lugar de reunión para las bases de lo que hoy se conoce como la lengua de señas colombiana. En palabras de Oviedo, se gestó la formación de un código colectivo restringido que dio paso a la lengua de señas con la llegada de nuevas generaciones de sordos que emplearon y enriquecieron dicho código y con las nuevas asociaciones de sordos, las cuales contribuyeron a la criollización (estabilización y uso) de la lengua.

UNA APROXIMACIÓN AL TRABAJO LINGÜÍSTICO REALIZADO POR ÁRBOL DE VIDA

Con el fin de entender los procesos morfológicos empleados por Árbol de vida, se retomó la investigación realizada por Barreto (2015); leemos:

la interacción de estos elementos es compleja y productiva. Por ejemplo, existen neologismos que pueden ser generados por los componentes [Estudio] y [Persona]. Estos componentes no tienen un movimiento originalmente asociado, pero al ser usados en un neologismo interactúan con movimientos y contactos para generar diferencias. Este es el caso entre ANTROPOLOGÍA y SOCIOLOGÍA. (p. 126) (Figura 1)

Diferencias entre las señas ANTROPOLOGÍA y SOCIOLOGÍA3.

Figura 1: Diferencias entre las señas ANTROPOLOGÍA y SOCIOLOGÍA3.

También es posible que dos neologismos usen las mismas configuraciones manuales y el mismo movimiento, pero diferente punto de contacto y orientación entre las manos. Este es el caso de los neologismos INSTRUMENTO y HERRAMIENTA, que están dadas no por el movimiento o configuración manual, sino por la orientación y el lugar de contacto (Figura 2).

Diferencias entre INSTRUMENTO y HERRAMIENTA4.

Figura 2: Diferencias entre INSTRUMENTO y HERRAMIENTA4.

Otro de los aspectos analizados por Barreto (2015) es que algunos neologismos se realizan con rasgos no manuales (RNM) “-componente denominado z-”, que parecen ser compatibles con la construcción léxica, pero no obligatorios. Esta situación hace que el rasgo de percepción esté “‹no marcada›”, aunque el significado no se pierde totalmente. Según este autor, en el corpus analizado no se encontró que haya una seña en la que el componente z sea indispensable para su sentido y realización. Esta situación se opone a la LSC dado que, según lo señala Barreto (2015), señas como NOCHE o ABUELA requieren obligatoriamente de los RNM. De esta forma, propone Barreto denominar este componente como modificador (p. 127).

Por su parte, Battison (1978) señala dos condiciones necesarias en la construcción de las señas: la condición de simetría y la de dominancia. Tovar (2010) lo presenta de la siguiente manera:

Según la condición de simetría, (a) si ambas manos se mueven dependientemente durante la articulación de una seña, (b) entonces ambas manos deben especificarse para la misma ubicación, la misma configuración manual y el mismo movimiento (sea que se realice simultáneamente o de manera alternada), y las especificaciones de orientación deben ser simétricas o idénticas. Esto quiere decir que no es natural en una lengua de señas el tener señas en las cuales cada mano tenga una configuración manual distinta, al tiempo que se mueve independientemente de la otra.

La condición de dominancia está relacionada inversamente con la anterior. Especifica que (a) si las manos en una seña bimanual no tienen la misma configuración manual (es decir, si son diferentes), (b) entonces una mano debe ser pasiva mientras que la otra mano, activa, articula el movimiento, y (c) la especificación de la mano pasiva se restringe a un inventario reducido de configuraciones manuales. Éstas son configuraciones no marcadas, es decir que ofrecen el máximo de distinción, por tratarse de formas geométricas básicas o que presentan articuladores que se proyectan de manera notoria. (p. 285)

No obstante, Barreto (2015) agrega:

Cuando una seña es asimétrica, la mano ‘débil’ o pasiva adquiere unas configuraciones establecidas más básicas que Battison nombra con letras: mano abierta (1234+/a+), mano cerrada (1234-/o-), mano en forma de uno (1+/o-), mano en forma de “O” (1234”/sac+y+) mientras que la mano ‘fuerte’ o activa otras configuraciones más complejas. (p. 128)

Además, según Tovar (2010), algunas investigaciones de lingüistas -como la de Sandler y Lillo-Martin (2006) citados por el autor- hicieron énfasis en que la condición de dominancia es legítima solo para las señas manuales plenamente especificadas léxicamente, es decir, “las llamadas también señas ‘congeladas’ o ‘establecidas’, son las que mantienen casi inalterados los parámetros de formación” (p. 284). Así, investigaciones en lenguas como la israelí han hecho que se presente una “condición de dominancia revisada”, lo cual Tovar consideró como excepciones a la regla. Estas conclusiones se complementaron con las propuestas por Barreto (2015):

Las configuraciones manuales utilizadas por Fundarvid en sus neologismos mostraron ser mucho más complejas y productivas que en otras señas tradicionales del léxico de la lsc, al respecto. Una observación de ellas develó que las señas que se realizan con la mano ‘débil’ (generalmente la izquierda de los diestros) cumplen la función de base, mientras que las configuraciones realizadas con la mano ‘fuerte’ (la derecha en los diestros), cumple un papel más activo. Establecer las leyes de dominancia en las señas de Fundarvid hace parte de interesantes estudios que deben realizarse en profundidad, sobre todo, cuando algunos sordos y oyentes líderes contradictores acusan que las señas son ‘anti-naturales’ por supuestamente violar las leyes de dominancia antes descritas. El punto que es necesario resaltar aquí en términos etnográficos es que las señas existen de este modo que aparentemente viola la condición de dominancia. Existen y se siguen produciendo espontáneamente de esta forma, a pesar de la violación de la regla, tanto por miembros de Fundarvid como sordos que no son miembros. En este caso, hay dos opciones que tendrían que ser exploradas:

i. Las señas pueden ser “diseñadas” o se elicitan de un modo específico, pero en el uso cotidiano y con el tiempo, tienden a ajustarse a la condición de dominancia.

ii. Las señas violan las condiciones de dominancia antes escritas, pero a pesar de eso siguen usándose y produciéndose de esa forma. De modo que, la condición de dominancia, debería reformularse a la luz de condiciones sociales e ideológicas. (p. 128)

ACTITUDES Y PREJUICIOS LINGÜÍSTICOS

Consideramos pertinente abordar los conceptos de actitud lingüística y prejuicio lingüístico, aunque hemos encontrado que el primero tiene mayor funcionalidad que el segundo. En la bibliografía consultada, tanto actitud como juicio son empleados para referirse a valoraciones que los sujetos pueden tener frente a realidades de diferente naturaleza. Tusón (1997), al abordar los juicios de hecho frente a los juicios de valor, consideró que los primeros eran aquellos que se podrían tratar como “hechos científicos” en la medida en que eran verificables y, por lo mismo, había garantías en cuanto a su veracidad. Por otro lado, afirma que los juicios de valor son “indicadores del gusto personal y también de la educación recibida, asumida o no como parte esencial de uno mismo” (p.18).

De la aplicación del último concepto a las valoraciones que los sujetos puedan tener frente a fenómenos lingüísticos surge el concepto de prejuicio lingüístico. Tusón (1997) afirma que por prejuicio lingüístico se puede entender, en una de sus acepciones, como toda la información extralingüística extraíble de una muestra de habla, gracias a elementos como el acento, el léxico, los usos sintácticos, entre otros. Por prejuicio lingüístico él entiende valoraciones susceptibles de recaer sobre señantes o lenguas y que estas pueden deberse o al hecho de que unos hablantes usen una lengua poco o nada conocida para quien emite el juicio o a que aquellos sometidos a valoración usan una variedad de lengua diferente a la del “prejudicador”.

Consideramos que asumir que un hablante tiene un prejuicio frente a un fenómeno lingüístico puede implicar que su posición frente a este sea negativa, en especial en los casos de lenguas minoritarias que gozan de menor prestigio frente a las lenguas mayoritarias; que para el caso colombiano se presenta con las lenguas indígenas, criollas y las lenguas de señas. En este sentido, el mismo autor manifiesta que “se entiende por ‘prejuicio lingüístico’ la valoración negativa que caracteriza a ciertos hablantes que han abandonado (o están a punto de abandonar) la propia lengua” (Tusón, 1997).

Ahora bien, el concepto de actitud propuesto por Moreno (1998), quien define actitud lingüística como:

una manifestación de la actitud social de los individuos, distinguida por centrarse y referirse específicamente tanto a la lengua como al uso que de ella se hace en sociedad, y al hablar de “lengua” incluimos cualquier tipo de variedad lingüística: actitudes hacia estilos diferentes, sociolectos diferentes, dialectos diferentes o lenguas naturales diferentes. (pp.179-180)

No obstante, el concepto de actitud lingüística no contempla únicamente valoraciones hacia las formas de habla, sino también hacia los hablantes que las usan o, incluso, hacia “los símbolos o referentes que esas formas de habla o comportamientos crean” (Rojas, 2008, p. 254). Moreno (1998) afirma que las actitudes lingüísticas tienen componentes que deben considerarse al momento de su estudio: el componente afectivo, el cognoscitivo (saber o creencia) y el conativo (de la conducta).

La existencia de estas actitudes presupone que en los hablantes se desarrolle o haya conciencia sociolingüística: “saber que los hablantes tienen, tanto de la estratificación social de las variantes, variedades y/o lenguas que pueden integrar el repertorio verbal de una comunidad, como de los parámetros valorativos que se les adjudican” (Etxebarria, 2000, p. 205); o, expresado de forma más sencilla por Moreno (1998), “conciencia de una serie de hechos lingüísticos y sociolingüísticos que les conciernen o les afectan” (p. 181). Nuestra inclinación por el empleo del concepto de actitudes se apoya en que en la comunidad sorda colombiana se han observado actitudes negativas que señantes de LSC manifiestan hacia otros sordos señantes, especialmente hacia aquellos pertenecientes a la comunidad Árbol de Vida.

Las actitudes lingüísticas en las lenguas de señas (LS)

Para la presente investigación se realizó un barrido en las principales bases de datos y fuentes bibliográficas, en donde se encontró pocas investigaciones que analicen las actitudes lingüísticas en comunidades sordas. Parte de las investigaciones existentes se centran, por un lado, en la actitud de los sordos hacia las lenguas orales (Ladd, 2005). Por ejemplo, en el artículo recién citado podemos leer una fuerte crítica del activista y líder sordo Paddy Ladd en contra del modelo bilingüe bicultural, pues considera que la integración de los sordos bajo esta política educativa no reconoce la interculturalidad en el aula, ni el hecho de que las comunidades sordas son comunidades colectivas.

La integración fue desarrollada en el seno de culturas individuales occidentales e impuesta a la cultura colectiva sorda (…) no existe algo como una integración real bilingüe-bicultural (…) la llamada integración no es más que otra forma de asimilación cultural. (Ladd, 2005, p. 2)

Este académico y líder sordo considera la integración como el elemento aniquilador de las comunidades sordas, ya que dicha integración dispersa a estas comunidades desintegrándolas. Además, señala que estos programas de educación bilingüe están insertados y estructurados desde la lógica colonialista, se educa al sordo, pero se desconoce quién es o qué puede llegar a hacer. Igualmente, en correspondencia con esta línea, se encuentran investigaciones realizadas por otros académicos sordos. Por ejemplo, hay estudios sobre las actitudes de los sordos universitarios hacia la lengua de señas americana (ASL) y el inglés, y exámenes de las actitudes lingüísticas de profesores sordos hacia las lenguas orales (Lucas, 1989), entre otros.

Por otro lado, se han realizado investigaciones en el campo del contacto lingüístico entre las comunidades sordas y las comunidades oyentes en medio de las cuales habitan, de lo cual se desprende un conflicto cultural. Por esta razón, las actitudes de los oyentes hacia los sordos se tornan un tanto negativas. Entre estos estudios encontramos un acercamiento a las diferencias en cuanto a la cortesía en las comunidades sordas y oyentes de Venezuela (Domínguez, 2003), un análisis de la percepción del tiempo en los sordos como explicación cultural de sus llegadas tarde (Quiñones, 2012) y un análisis del impacto que la lengua tiene en el comportamiento, las brechas culturales que se generan a partir de diferentes visiones y cómo la lengua conlleva patrones de acción que pueden resultar en panoramas desastrosos o socialmente inadecuados (Melgar & Moctezuma, 2010). Evidentemente, estas investigaciones pretenden mitigar las actitudes negativas generadas por este choque cultural.

No obstante, sobre lo que se podría considerar propiamente como actitudes lingüísticas, encontramos el trabajo realizado por Parks, Parks y Williams (2011), en Chile, que tiene como propósito realizar un perfil sociolingüístico de la comunidad sorda de este país. En esta investigación se encontraron variaciones en la lengua chilena basadas en variables sociales tales como: ubicación geográfica de los hablantes, la edad y el trasfondo educativo. Además, Parks, Parks y Williams (2011), señalan que:

Gómez (2008) indicó que hay variación regional entre partes del norte, del centro y del sur del país, y muchas personas indicaron que las variedades regionales son influidas por las fronteras con otros países; (…) hay aproximadamente 20 % de diferencia en las señas entre la generación más vieja y la más joven, pero esta diferencia es marcada por cambios de vocabulario más que cualquier otro tipo de cambio del lenguaje. Sin embargo, según un maestro en la comunidad sorda de Punta Arenas5, la generación más vieja comprende la lengua de señas en el orden gramatical de las palabras del español mejor que la generación más joven a causa de su trasfondo oral. (p. 14)

Esta misma investigación abordó la cuestión de las actitudes lingüísticas y entre los resultados leemos que “algunas personas tienen actitudes muy fuertes hacia la manera correcta de usar la lengua de señas en Chile. Muchas personas sordas mayores creen que la generación más joven no lo usa correctamente” (Parks, Parks, & Williams, 2011, p. 17).

En Colombia, encontramos una aproximación a la variación sociolingüística de la lengua de señas por variables tales como la ubicación/procedencia geográfica (Cortés & Barreto, 2013). De la misma forma, se han llevado a cabo trabajos que tienen como base el contacto lingüístico entre las dos comunidades analizadas: sordos y oyentes. Estos estudios buscan atenuar, de alguna manera, el choque que se presenta por el contacto de las dos comunidades. Por ejemplo, Carvajal (2006), cuyo propósito es contribuir a la construcción de los lineamientos para una política pública inclusiva en los colegios, analiza las actitudes de los estudiantes sordos y oyentes sobre sus compañeros.

Otra investigación (Mora, 2001), que se inscribe en esta misma línea, aborda el sentir de la comunidad oyente frente a las formas de comunicación de los sordos, es decir, se aborda la actitud hacia la LS, así como hacia los elementos que la constituyen: el uso del espacio y la gestualidad. Esta investigación recoge las opiniones de intérpretes y oyentes que trabajan en asociaciones de sordos, reconociéndolos como miembros de las comunidades sordas. Finalmente, también podemos encontrar que durante el 2004 se llevó a cabo un análisis de carácter sociolingüístico, que tenía como propósito analizar los problemas de comunicación de los sordos prelocutivos6 en la ciudad de Cali (Giménez, 2004). No obstante, como es posible vislumbrar, el tema de las actitudes lingüísticas al interior de la misma comunidad sorda no se ha abordado; por ello, consideramos de gran interés el estudio propuesto en el presente artículo.

Variables sociales

Hasta este punto, nos queda por abordar el concepto de variables sociales. El interés por este radica, además del contexto académico en el que desarrollamos el trabajo, en el hecho de que dichas variables están en capacidad de determinar la variación de un registro de lengua de los hablantes (Moreno, 1998). En efecto, las variables sociales cambian su grado de importancia dependiendo de los contextos comunicativos y de los fenómenos que se quieran observar, lo que implica que en no todas las investigaciones las variables merecen la misma atención. Entre las que tienen mayor capacidad de influir en la variación lingüística, el citado autor menciona las variables sexo -para nosotros género-, edad, nivel de instrucción, nivel sociocultural y etnia, entre otros (Moreno, 1998). Para este caso, dado que partimos de la hipótesis de que la variable edad influye en la actitud de los señantes hacia los neologismos, esta va a ser una de las que consideraremos.

Como lo señala Moreno (1998), la variable edad es constante en la medida en que no varía de acuerdo con otros factores de tipo socioeconómico, por ejemplo, y a la vez no es constante en tanto, en este sentido, las personas cambian, es decir, no siempre tienen la misma edad. También hay que señalar que, de acuerdo con la edad, las personas cambian sus hábitos sociales, que incluyen los comunicativos y lingüísticos. Con esto se puede hablar, entonces, de la vida lingüística de los hablantes, de un proceso de constante cambio o adopción de prácticas por otras variables como el nivel de instrucción. Esto quiere decir que, además de pasar por un proceso de adquisición del lenguaje, los hablantes también aprenden nuevos registros en la medida en que se desenvuelven en un número de contextos más variado. Por último, es preciso destacar que el cambio lingüístico puede verse en generaciones sucesivas, lo que implica, en este trabajo, una aproximación a este fenómeno en la LSC, a partir del tiempo aparente, al comparar distintos grupos de edad (Moreno, 1998).

Sobre la segunda variable, el género, debemos decir que su consideración responde a las observaciones que encontramos en Moreno (1998) con respecto a su impacto en el uso de unas y otras formas. Aunque no tenemos indicios de que esta influya profundamente en la variación lingüística en LSC, hay que tener en cuenta que, en muchos casos, el género como construcción sociocultural implica la adopción de ciertos comportamientos lingüísticos ligados a los roles sociales desempeñados por las personas. Además, señalamos que, según Moreno (1998), esta variable está subordinada a dimensiones sociales más determinantes como el estilo de vida, el nivel socio económico o el nivel de instrucción.

MARCO METODOLÓGICO

Diseño de herramientas metodológicas

Para esta investigación se diseñó y aplicó en lengua de señas una entrevista sociolingüística, con la cual se buscó revelar las actitudes de señantes de LSC residentes en la ciudad de Bogotá hacia otros señantes sordos, residentes en Bogotá, pero de generaciones más jóvenes y pertenecientes al grupo Árbol de Vida. La entrevista contenía dos instrumentos:

  1. Un instrumento en formato video con cinco (5) muestras de discursos en lengua de señas de personas sordas; dos (2) de los señantes de los discursos pertenecen a Árbol de Vida, aunque solo uno de ellos empleó las señas atribuidas a este grupo

  2. Una entrevista de carácter abierto sobre cada uno de los señantes y sus discursos del video

Las siguientes fueron las características generales de las muestras y el orden en que se presentaron:

  1. Video N.° 17: Discurso de un señante de Árbol de Vida con estudios universitarios. Su rango de edad oscila entre los 20 y los 30 años. El discurso es expositivo-explicativo, pero no completamente académico, y emplea algunas señas o neologismos propios de Árbol de Vida. Para efectos de análisis, en adelante lo identificaremos como 1LS-AV. Duración de la muestra: 1 minuto, 19 segundos.

  2. Video N.° 28: Discurso de un señante de la región de la costa Caribe colombiana, en el cual narró una historia -un cuento-. El señante no poseía estudios universitarios y su edad oscila entre los 25 y los 35 años. En esta narración el señante no empleó ninguna seña de Árbol de Vida. Para efectos de análisis, en adelante lo identificamos como 2LS-no AV. Duración de la muestra: 55 segundos.

  3. Video N.° 39: Discurso de una señante que no pertenecía a la comunidad Árbol de Vida, con estudios universitarios, su rango de edad está entre los 25 y los 30 años. El tema de su discurso fue completamente académico, pero no empleó ningún neologismo de Árbol de Vida. Para efectos de análisis, en adelante lo identificamos como 3LS-no AV. Duración de la muestra: 2 minutos, 25 segundos.

  4. Video N.° 410: Discurso de un señante de Árbol de Vida, con estudios universitarios, su edad oscila entre los 30 y los 35 años. El tema del discurso corresponde a la narración de un cuento (Caperucita Roja), pero no empleó ninguna seña atribuida al grupo Árbol de Vida. Para efectos de análisis, en adelante lo identificaremos como 4LS-AV. Duración de la muestra: 2 minutos, 47 segundos.

  5. Video N.° 511: Discurso de una señante que no pertenece a la comunidad de Árbol de Vida, sin estudios universitarios, su rango de edad está entre los 25 y los 30 años. El tema del discurso se relaciona con el derecho de las personas sordas a acceder a los medios de comunicación y en él no emplea neologismos propuestos por Árbol de Vida. Para efectos de análisis, en adelante lo identificaremos como 5LS-no AV. Duración de la muestra: 4 minutos, 16 segundos

La intención de emplear una muestra de un señante de la costa12 y dos de señantes que no pertenecen a Árbol de Vida se sustenta en que, dado que las personas sordas forman una comunidad minoritaria en la que lo más probable es que sus miembros se conozcan o se hayan visto en algún momento, no queríamos que la atención de los informantes se centrara en los señantes de Árbol de Vida, sino, en lo posible, que pensaran en que la investigación contenía muestras aleatorias.

La entrevista tuvo un carácter abierto, con lo que se buscaba obtener el máximo de información con pocas preguntas. Así, a medida que se presentaba un video se preguntaba: ¿qué opina usted de la forma de señar de la persona que acaba de ver en el video? Si las respuestas de los colaboradores no eran lo suficientemente abarcadoras o se limitaban a explicar lo que habían entendido, se procedía a preguntar: ¿Qué opina sobre su lengua de señas?13

Los colaboradores/informantes

Se entrevistó un total de 12 personas sordas de la ciudad de Bogotá, señantes de lengua de señas colombiana14. Tal como se mencionó, se determinó el género y edad como variables sociales, por lo que se establecieron dos grupos: hombres y mujeres, y cada uno se subdividió en los siguientes rangos de edad: entre 20 y 35 años y entre 40 y 60 años; esto de acuerdo con lo planteado, es decir, prestando especial atención a las variables edad y género.

A continuación, en la Tabla 1, se muestran las características de cada grupo.

Tabla 1:
Perfil social por grupo
Grupo 1: 3 mujeres, entre los 20 y 35 años de edad, con estudios universitarios. Grupo 2: 3 hombres, entre los 20 y 35 años de edad, con estudios universitarios.
Grupo 3: 3 mujeres, entre los 41 y 60 años de edad, sin estudios universitarios. Grupo 4: 3 hombres, entre los 41 y 60 años de edad, sin estudios universitarios.

Cabe mencionar, además, que un aspecto que dificultó la búsqueda y el contacto con los colaboradores es el hecho de que la comunidad sorda está geográficamente dispersa; es decir, no se ubicaban en un solo lugar, sino a lo largo y ancho de la ciudad. Esta cuestión, como se mencionó, dificultó el trabajo, ya que se hizo necesario el desplazamiento hasta los lugares de residencia o de trabajo de muchos de ellos.

Algunas consideraciones sobre el empleo de la grabación como técnica de recopilación de datos

Las entrevistas fueron grabadas por una razón básica: la imposibilidad de transcribir toda la información dada por los colaboradores en el mismo momento en que estas eran realizadas. Dado el carácter visual de las lenguas de señas, se hizo necesario grabar en video a los colaboradores, para así no perder información que pudo ser relevante para la investigación, como por ejemplo: todos los elementos gestuales que implicaban sentimientos o marcadores adverbiales. Sobre el empleo de las grabaciones, Cortés y Barreto (2013) señalan, basados en otros autores, que en los estudios de lengua de señas, debido al uso del video como técnica empleada para la recolección, es de mayor persistencia y agudeza la “paradoja del observador” laboviana. No obstante, varias investigaciones se han centrado en el impacto potencial de los diversos medios de comunicación electrónicos en las lenguas de señas. Al respecto, cabe considerar las observaciones de Crystal (como se citó en Young, Morris, & Langdon, 2012), quien concluyó que el empleo de medios electrónicos resultará en modificaciones de carácter lingüístico. Así, por ejemplo, señala que se presentaron cambios en la mirada, aunque no lo suficientemente importantes como para influir negativamente los datos.

Los planteamientos de Crystal (como se citó en Young, Morris, & Langdon, 2012) están destinados a las investigaciones sobre aspectos de la lingüística de la lengua de señas, en las que se toman colaboradores sordos y su lengua de señas como “objetos de estudio”. Sin embargo, siendo nuestra investigación de carácter sociolingüístico, la entrevista mantuvo un aspecto abierto que ayudó a que los informantes se sintieran cómodos y sin presiones. Se les pidió autorización para la grabación y se les explicó el porqué de su necesidad. Además, nuestra impresión sobre esta metodología es que no sentimos que los limitara o afectara en cuanto a manifestar sus opiniones. De hecho, el video representa un medio de comunicación para ellos, como en el centro de relevo de llamadas, en los comunicados de la Federación de Sordos y en la comunicación interpersonal, que también tiene lugar a través de este medio.

ANÁLISIS Y RESULTADOS

Para el análisis de las entrevistas, tal como se señaló anteriormente, seguimos los postulados de Moreno (1998) relacionados con el estudio de las actitudes lingüísticas. Así, una vez se hace la traducción de estas entrevistas de la LSC a español, se procede a catalogar las respuestas de cada colaborador y por cada video, de acuerdo con la Tabla 2:

Tabla 2:
Criterios de catalogación de respuestas por colaborador
Informante Variables sociales Video 1
Hacia la LSC Hacia el hablante
Edad Género Positivas Negativas Positivas Negativas

Posteriormente, se realizó la cuantificación de las respuestas dadas por los informantes para cada video. Recordemos que la pregunta central era: ¿qué opina usted de la forma de señar de la persona que aparece en el video? Con todo, el análisis de la información mostró que los informantes no solo emitían consideraciones u opiniones sobre la lengua, sino también sobre los señantes.

En primer lugar, hicimos un análisis general y, posteriormente, nos centramos en los resultados según las variables sociolingüísticas establecidas. Se hizo un mayor énfasis en los datos obtenidos por cada uno de los cuatro grupos al observar los videos de los señantes 1LS-AV y 4LS-AV. Brevemente, podemos mencionar que los porcentajes negativos más altos están relacionados con la lengua empleada por los señantes de Árbol de Vida y para el señante de la Costa. Este hecho llama la atención puesto que el señante del video 4 (4LS-AV), a pesar de ser identificado como miembro de esta comunidad, no empleó en su discurso ninguna seña propuesta por la misma. Por el contrario, los sordos señantes que no pertenecen a esta comunidad obtuvieron siempre y de forma constante mayores percepciones positivas en cuanto a ellas como señantes y hacia su lengua. Por ejemplo, con respecto al video 3 (3LS-no AV), cuyo tema era totalmente académico, la mayoría de los informantes coincidió en no entenderlo, pero consideraban que seguía los parámetros establecidos para la lengua de señas colombiana y, además, que su discurso era agradable. Se observó, asimismo, que la señante del video 5 (5LS-no AV) obtuvo las percepciones positivas más altas en la mayoría de los casos. Tanto así que fue considerada como una “verdadera sorda”, se dijo de su lengua que era “la verdadera lengua de señas, más pura, más bonita”.

En la Figura 3 se describen los datos obtenidos a nivel general.

Valoración de usos y señantes en los videos

Figura 3: Valoración de usos y señantes en los videos

Según el género: informantes femeninos

Encontramos que los señantes 1LS-AV y el señante 2 LS-no AV (Costa) obtuvieron la mayor puntuación relacionada con una percepción negativa de su lengua y de ellos como señantes. Esto se ejemplificó en la Figura 4. Por el contrario, las señantes 3LS-no AV y 5LS-no AV obtuvieron los puntajes más altos relacionados con su lengua y con ellas como señantes.

Valoración de usos y señantes en los videos: informantes femeninas

Figura 4: Valoración de usos y señantes en los videos: informantes femeninas

Según el género: informantes masculinos

Respecto a los valores obtenidos por parte de los informantes masculinos, concluimos que los señantes 1LS-AV y 4 LS-AV y el señante 2 LS-no AV (Costa) son los que recibieron mayores puntajes relacionados con la percepción negativa hacia su lengua. En relación con los señantes propiamente dichos, las valoraciones se mantuvieron en el mismo rango para todos los casos. Igual que en el caso anterior, las señantes 3LS-no AV y 5LS-no AV obtuvieron los puntajes más altos en cuanto a la percepción positiva de su lengua (Figura 5).

Valoración de usos y señantes en los videos: informantes masculinos

Figura 5: Valoración de usos y señantes en los videos: informantes masculinos

Según la edad: entre los 20 y los 35 años

Con respecto a la variable sociolingüística edad, podemos señalar que los informantes entre 20 y 35 años dieron una mayor calificación negativa al señante 4 LS-AV, mientras que el señante 1LS-AV obtuvo el mismo número de apreciaciones tanto negativas como positivas. Por su parte, las calificaciones dadas al señante 2 LS-no AV (Costa) no marcaron ninguna tendencia, tal como se puede apreciar en la Figura 6.

Valoración de usos y señantes en los videos: 20-35 años

Figura 6: Valoración de usos y señantes en los videos: 20-35 años

Según la edad: entre los 40 y los 60 años

Por su parte, el grupo de informantes entre los 40 y 60 años calificaron al señante 1LS-AV y 4LS-no AV con una mayor percepción negativa hacia su lengua, mientras que las percepciones (tanto negativas como positivas) hacia los señantes de los videos no mostraron una mayor tendencia. Aun así, de los pocos datos al respecto leemos que son nuevamente los señantes 1LS-AV y 41LS-AV los que son mayormente calificados de forma negativa. Por su parte, las señantes 3 y 5 obtuvieron, nuevamente, las calificaciones más altas relacionadas con la percepción positiva hacia su lengua. Esto se puede apreciar en la Figura 7.

Valoración de usos y señantes en los videos: 40-60 años

Figura 7: Valoración de usos y señantes en los videos: 40-60 años

CONCLUSIONES

Entre las conclusiones a las que pudimos llegar en esta primera aproximación, encontramos que las formas de señar de los videos de LS-AV fueron calificados de forma negativa en la mayoría de las oportunidades, incluso cuando los señantes no usaban las innovaciones léxicas propuestas por Árbol de Vida, tal como sucedió en 4LS-AV. Sobre este hablante en especial, las percepciones obtenidas obedecieron a que los colaboradores consideraron que desde que había entrado a la universidad y era miembro de AV había perdido la expresión facial. Es decir, que sus rasgos no manuales eran planos. Se percibió, además, que la lengua de Árbol de Vida no era conocida por las personas adultas, razón por la cual no la entendían y de entrada la rechazaban.

En concordancia, se pudo establecer que las formas de habla de los señantes LS-no AV recibieron calificaciones positivas en mayor medida, tal como se observó con las señantes de los discursos de 3LS-no AV y 5LS-no AV.

Ahora bien, de acuerdo con la variable género, las señas de Árbol de Vida crearon más malestar en los hombres que en las mujeres, como se pudo comprobar en el caso de 1LS-AV. Sin embargo, esta tendencia se invirtió en el video 4LS-AV, en donde el señante no usa señas de Árbol de Vida, a pesar de formar parte del grupo y ser conocido por los informantes. Por su parte, en relación con la variable edad, el grupo 40-60 presenta una valoración más negativa de las señas AV (actitud que se comparte hacia el señante de la Costa). No obstante, en el grupo 20-35 las valoraciones hacia las señas AV en el video 1LS-no AV fueron equilibradas (8 positivas y 8 negativas), mientras que en el video 4LS-no AV, se observaron 10 negativas y solamente 3 positivas. En todos los casos, hubo una tendencia muy marcada hacia valoraciones positivas de los usos no AV.

En una posterior investigación, la variable edad se debe correlacionar con el nivel de estudios, dado que por ahora no podemos concluir si la tendencia observada en el grupo 40-60 a considerar negativamente el habla de AV se deba al rechazo hacia las formas de señar de personas con estudios superiores. Finalmente, en todos los casos lo observado con el señante de la Costa fue una muestra de un cambio lingüístico a nivel regional, cuestión que ha sido poco analizada desde la lingüística de LS.

Por último, es necesario avanzar en estudios sociolingüísticos con énfasis en las actitudes al interior y hacia la comunidad sorda del país, dada su vigencia. Esta investigación que hemos querido nombrar como Consideraciones sobre las actitudes lingüísticas de señantes de lengua de señas colombiana frente a los neologismos y a los señantes de la comunidad Árbol de Vida correspondió a un primer acercamiento o un estado inicial del tema de las actitudes hacia los señantes de Árbol de Vida y sus neologismos. Por esto es necesario ampliar la muestra y los instrumentos si se quiere avanzar en estudios de esta naturaleza.

REFERENCIAS

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Este artículo se deriva de una investigación desarrollada en el marco del seminario “Variación, Cambio y Contacto”, dirigido por el profesor Oscar Caballero, de la Maestría en Lingüística del Seminario Andrés Bello - Instituto Caro y Cuervo, durante el año 2014.
Método empleado en la educación de las personas sordas.
Recuperado de Barreto (2015).
Recuperado de Barreto (2015).
Ciudad y puerto del extremo sur de Chile.
El término prelocutivo es empleado desde una postura teórica que clasifica la sordera desde el criterio de la edad en que esta fue adquirida. Así, los sordos prelocutivos son aquellos a los que la sordera les sobrevino antes de adquirir el lenguaje oral (antes de 2 años).
Muestra recopilada y facilitada por el investigador de la lengua de señas colombiana Álex Barreto.
Muestra recopilada y facilitada por el investigador de la lengua de señas colombiana Álex Barreto.
Muestra recopilada por los investigadores.
Muestra recopilada por los investigadores.
Video tomado de la página web http://www.youtube.com/watch?v=SHt5lscD0fw (Canal de REVOLUCIONSENTIDOSTV, 2012)
El hablante de la región de la costa no es una persona afrodescendiente, por lo tanto, la variable social “raza” no se tomó en cuenta.
Las entrevistas fueron realizadas directamente en lengua de señas y traducidas al español escrito.
Según el Registro para la Localización y Caracterización de las Personas con Discapacidad (febrero de 2015), el número de personas sordas registradas en la ciudad de Bogotá es de 27.673 (MinEducación & INSOR, 2015)