La Internacionalización de una red intelectual. Revista Espiral de Artes y Letras, Bogotá 1944-1958

  • Jeimy Paola Prieto Mejía Universidad Nacional Autónoma de México

Resumen

Este artículo reconstruye la red intelectual que se configuró en torno a la edición y publicación de la revista Espiral de Artes y Letras fundada en Bogotá por el exiliado español Clemente Airó en 1944. Parte de considerar el análisis de dicha publicación desde la perspectiva de redes intelectuales y pretende explicar cómo la extensión de las conexiones establecidas en primer momento con el campo intelectual colombiano, hacia el escenario hispanoamericano, se convirtió en una estrategia de vital importancia para el sostenimiento de uno de los proyectos culturales más longevos del país.

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Biografía del Autor

Jeimy Paola Prieto Mejía, Universidad Nacional Autónoma de México

Historiadora de la Universidad Nacional de Colombia. Maestra en Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México y estudiante del Doctorado en Historia de la misma institución.

Correo electrónico: jepprietome@unal.edu.co

Citas

Fuentes primarias

Manuscritas
Archivo privado Familia Airó, Bogotá

Publicaciones periódicas
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Cromos. Bogotá. 1969

Diario Oficial. Colombia. 1949

El País. Cali-Colombia. 1982

El País. España. 1985

El Tiempo. Bogotá

El Universal. Bogotá. 1969

La Patria. Manizales – Colombia. 1969

La República. Bogotá. 1984

Revista de las Indias. Bogotá. 1944

Revista Espiral de Artes y Letras. Bogotá. 1944-1975

Revista Estaciones. México. 1957

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Publicado
2017-11-13
Como citar
PRIETO MEJÍA, Jeimy Paola. La Internacionalización de una red intelectual. Revista Espiral de Artes y Letras, Bogotá 1944-1958. Historia y Espacio, [S.l.], v. 13, n. 49, p. 97-131, nov. 2017. ISSN 2357-6448. Disponible en: <http://revistas.univalle.edu.co/index.php/historia_y_espacio/article/view/5851>. Fecha de acceso: 23 oct. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/hye.v13i49.5851.
Sección
Artículos de Investigación

Palabras clave

exilio republicano, redes intelectuales, revistas culturales

Introducción

En septiembre de 1940, provenientes de República Dominicana, arribaron a Puerto Colombia, Barranquilla el afamado caricaturista español Carlos Arveras (Blas) y su hijo de 23 años Clemente Arveras Oria. Integrantes del voluminoso exilio que dejó tras de sí la victoria de Francisco Franco en España, se radicaron en Colombia junto con cerca de 600 exiliados más 2.

A su llegada a Bogotá, Carlos Arveras comenzó a trabajar como caricaturista en El Tiempo, y su hijo, quien adoptó el seudónimo de Clemente Airó por el que sería conocido en el país, participó como redactor y jefe de redacción en varias publicaciones de la capital. El padre pronto regresó a República Dominicana, pero Airó decidió radicarse en Bogotá y, a partir de abril de 1944, publicó en los Talleres Gráficos Mundo al Día la primera época de la revista Espiral de Artes y Letras (1944-1945) de la cual Luis Vidales fue su director, y él su editor.

La temprana vinculación de Airó con las redes intelectuales colombianas le permitió iniciar dicho proyecto con la colaboración y apoyo de personajes tan importantes para la vida nacional como lo fueron Luis Vidales, Ignacio Gómez Jaramillo, Otto Morales Benítez, entre otros. Este acercamiento no sólo marcó la composición del comité editorial, principalmente colombiano, en la primera época, y de la mayor parte de las colaboraciones allí publicadas, sino también su carácter, en cuanto fue pensada como una revista de arte y literatura dirigida a un público colombiano y no, como muchas de las revistas fundadas por exiliados en otros países latinoamericanos, una revista de españoles para españoles 3.

Las conexiones establecidas con los intelectuales colombianos permitieron, con múltiples dificultades, que la revista se convirtiera en una de las más longevas del país, pero paradójicamente en una de las menos recordadas. Espiral batalló durante sus 35 años de existencia por crearse un espacio importante en el escenario cultural colombiano, pero careció del impacto y difusión necesarios para mantenerse a flote. Esta situación llevó a su propietario a impulsar con mayor ahínco, a partir de la segunda época (1948-1958), las conexiones internacionales de la revista y, con ello, vencer el aislamiento al que fue sometida dentro de las fronteras nacionales.

Para comprender el proceso de conformación de la red intelectual que dio soporte a la edición y publicación de la revista Espiral, y su proceso de internacionalización, esta investigación partió de la perspectiva en que las revistas son analizadas como objetos de estudio autónomos que cumplen una doble función tanto en la difusión de ideas, como en la formación de redes intelectuales. Esta perspectiva pretende superar aquella que las consideraba como una fuente secundaria en el corpus de la literatura latinoamericana, y a las que se recurría de manera “quirúrgica” en busca de los textos publicados allí. 4

Son varios los volúmenes colectivos que han contribuido a fortalecer los estudios sobre revistas culturales y su relación con la reconstrucción de redes intelectuales. Entre estos se destacan los números de la revista América. Cahiers du CRICCAL coordinados por Claude Fell entre 1990 y 19965, el número doble publicado en la Revista Iberoamericana por Jorge Schwartz y Roxana Patiño en 2004 6, y los libros coordinados por Regina Crespo en 2010 7, Aimer Granados en 2012 8, y Hanno Ehrlicher y Nanette Rißler-Pipka en 2014 9. Junto con estos existe una gran variedad de artículos, libros y tesis que han tenido como fuente principal una o varias revistas culturales y literarias latinoamericanas, y han contribuido a fortalecer este campo de estudios.

Estos trabajos pueden dividirse en dos grupos: el primero, compuesto por las reflexiones teórico metodológicas en torno a qué es una revista y cuál es su papel como fuente para la historia intelectual y, el segundo, conformado por aquellos estudios monográficos que se han ocupado del análisis de una o más revistas y de las redes intelectuales que se conformaron a su alrededor.

En el grupo de las reflexiones teórico metodológicas destaca en importancia el artículo de Beatriz Sarlo publicado en la revista América. Cahiers du CRICAL 10. En este, la autora argentina resalta la importancia de las revistas como documentos para la historia. Al ser instituciones dirigidas habitualmente por un colectivo, permiten delinear el mapa de las relaciones intelectuales de una época e informan sobre las costumbres intelectuales y las relaciones de fuerza, poder y prestigio en el campo de la cultura 11. Además le permiten al investigador detectar el flujo de circulación de ideas, libros y personas que se efectúa con base en las conexiones establecidas desde las revistas.

Veintidós años después, Alexandra Pita González publicó un balance de los estudios sobre las revistas culturales latinoamericanas 12. Allí, destacó las múltiples posibilidades que se han desarrollado para el estudio de dichas publicaciones en relación con los objetivos de la historia intelectual. De igual manera, reafirmó la importancia de trascender aquella etapa descriptiva de estudios singulares a otra de carácter más reflexivo que pueda alimentar el debate, entre otros, sobre las posibilidades analíticas de los términos soporte material, práctica social y espacio de sociabilidad, que la autora ha tomado prestados de la sociología de la cultura de Pierre Bourdieu.

En el grupo de investigaciones monográficas, se destaca la intención de ir más allá de la revista como contenedor material de textos. Se ha explorado su papel en la generación, congregación, canalización o revitalización de lazos de cultura, redes intelectuales o comunidades académicas 13; su función como soporte material en la circulación de ideas y el rol que desempeñan en la formación de públicos lectores 14. Cada uno de estos enfoques ha contribuido a hacer compleja la concepción de las revistas culturales desde los estudios históricos. Además, como lo plantea Carlos Altamirano, también ha contribuido a la historia de los intelectuales en cuanto es en gran medida la historia de los grupos que se conforman en torno a las revistas, así como en torno a movimientos, sociedades de ideas, capillas literarias o filosóficas 15.

En este punto, cabe aclarar qué se entiende por red intelectual y cómo se da el proceso de internacionalización de sus conexiones, para luego traer a colación algunos trabajos que han abordado el análisis de revistas culturales desde una perspectiva de redes intelectuales.

Son numerosas las investigaciones que se están desarrollando en el campo de las redes intelectuales. Destaca el trabajo de Eduardo Devés-Valdés, con su libro Redes intelectuales en América Latina, en el que hace un recorrido por las redes más representativas de la intelectualidad latinoamericana desde finales del siglo XIX hasta la actualidad 16. Por su parte, Ricardo Melgar Bao ha profundizado en las redes del exilio aprista en América Latina 17. Marta Casaús Arzú y Teresa García Giráldez han estudiado las redes intelectuales centroamericanas tejidas entre 1820 y 1920 18. Y Claudio Maiz ha recurrido a esta categoría para comprender el espacio literario latinoamericano 19. Desde estos y otros aportes, se ha ido fortaleciendo el campo de los estudios sobre redes intelectuales y se han desarrollado sus diferentes aspectos y herramientas analíticas.

Estas investigaciones comparten la definición de red intelectual aportada por Eduardo Déves-Valdés, según la cual es “un conjunto de personas ocupadas en la producción y difusión del conocimiento, que se comunican en razón de su actividad profesional, a lo largo de los años” 20. De esta aproximación es necesario enfatizar en dos aspectos. El primero, relacionado con los protagonistas de estas redes específicas, los intelectuales, a quienes el autor define de manera genérica por su vinculación con las labores de producción y difusión del conocimiento 21. El segundo, aspecto está relacionado con la regularidad de las conexiones establecidas. Con esto, el investigador puede distinguir los contactos esporádicos o casuales, de la real constitución de una red que necesita de la frecuencia o densidad en la comunicación. “La densidad permite entender cuáles son los núcleos más activos de la red, así como los momentos de mayor o menor vitalidad” 22. En el caso particular de los individuos involucrados en la edición de una revista, conforman redes intelectuales que pueden ser exclusivas de la publicación, o estar incluidas o relacionadas con una red mayor de carácter político o cultural 23.

Una de las características que destacan las investigaciones sobre redes intelectuales es que a partir de estas se generan intercambios de bienes y servicios, tanto materiales como inmateriales, dentro del conjunto de relaciones establecidas entre sus miembros. Esta situación afecta a todos aquellos vinculados de manera directa o indirecta y muy desigualmente 24. Algunos integrantes ocupan lugares centrales al estar vinculados con mayor vitalidad y por más tiempo, mientras que a los demás les corresponden lugares intermedios o periféricos en donde el intercambio no tiene la misma densidad. Muchas veces las redes conformadas en torno a la publicación de una revista, como fue el caso de Espiral, tienen como eje central a un solo personaje, director o propietario, en este caso a Clemente Airó, en torno a quien se establecieron la mayoría de las conexiones de la red 25. Esta diferenciación entre lugares centrales y periféricos significa que las redes intelectuales no son conexiones homogéneas e igualitarias, sino que están determinadas por la frecuencia y densidad de la comunicación que le corresponde a cada integrante 26. Esto influye igualmente en la posición relativa de cada uno de sus miembros en el escenario cultural donde hace presencia, y en sus posibilidades de acción y acceso a recursos para el desarrollo de sus actividades 27.

Otro elemento a destacar es el carácter transnacional que pueden alcanzar algunas redes intelectuales a través de la internacionalización de las fronteras culturales. Surgidas en un ámbito nacional, estas redes pueden extender y robustecer sus conexiones con otros países, a través de varios canales: la creación de nuevas redes de distribución de libros y publicaciones periódicas, los viajes de académicos y la migración de estudiantes, y la asistencia de sus integrantes a conferencias y congresos en otros países 28.

Este elemento en particular fue evidenciado en Espiral a finales de la década de 1950, cuando comenzaron a fortalecerse los lazos internacionales del proyecto cultural de Airó, la revista y las ediciones, como estrategia para afrontar la escasa circulación de los libros y la revista misma en el escenario cultural colombiano. Como lo planteó Alexandra Pita, muchas veces esta estrategia fue empleada por las revistas culturales para superar de algún modo las restricciones que el campo político y el cultural nacional imponían a dichos proyectos. Así el establecimiento de este tipo de vínculos permitió a revistas como Espiral alcanzar una legitimidad mayor a la que tenían dentro de sus fronteras de origen 29.

Entre las investigaciones más recientes que vinculan el análisis de revistas desde una perspectiva de redes intelectuales destaca el libro de Alexandra Pita González publicado en 2009 30. Allí, la autora explora la organización de la Unión Latino Americana en Argentina en la década de 1920, así como su publicación periódica, el Boletín Renovación. Su objetivo es analizar la forma en que se constituyó dicho colectivo así como las representaciones realizadas por sus distintos actores, “recuperando las múltiples conexiones que establece un pensamiento o un conjunto de ideas en su momento de enunciación” 31.

Para establecer el mapa de dichas conexiones, la autora consideró útil apropiarse de la categoría red social, y reconstruir en un esquema de círculos concéntricos las relaciones intelectuales establecidas tanto en Argentina como con otros países de Hispanoamérica. En el centro de esta red ubicó a José Ingenieros y Alfredo Palacios, quienes determinaron el perfil de la publicación y la organización “atrayendo a la red unionista ─o expulsando de ella─ a otros intelectuales” 32. En torno a este centro la autora ubicó a los “mediadores de la red”, cuya función era servir de enlace con otras redes regionales. En el círculo más alejado del centro situó a aquellos intelectuales que fueron mencionados en la revista, con lo cual se definió lo que Beatriz Sarlo denominó el espacio imaginario de circulación de una publicación 33.

La idea de redes de círculos concéntricos también fue utilizada por Guillermo Palacios en el análisis de la revista mexicana El Maestro Rural 34. Para Palacios, esta revista fue uno de los instrumentos más eficientes que dio conectividad a los integrantes de la red que estudió, en cuanto sirvió como vehículo conductor de las directrices de la Secretaría de Educación Pública hacíia el segmento más denso del conjunto, esto es el círculo externo compuesto por los maestros rurales 35.

En el caso de esta investigación fue posible identificar los círculos concéntricos de Espiral y las ediciones Espiral, ubicando en el centro al principal mentor del proyecto, Clemente Airó, y en los círculos sucesivos a los demás integrantes del comité editorial y a los colaboradores asiduos y esporádicos que se relacionaron a lo largo de las dos primeras épocas de la revista con el proyecto cultural en general. Esta organización permitió comprender la centralidad del director y propietario de la revista, y los grupos intelectuales con los que se relacionó a nivel nacional e internacional. De igual manera, como se ha planteado hasta aquí, logró identificarse un proceso de internacionalización de la red, que inicia a finales de los años 40 y que no se detiene, sino con la interrupción de la publicación de la revista en 1975 debido a la muerte de Clemente Airó en Bogotá.

En este sentido, este artículo se divide en tres apartados. En el primero se presenta un mapa cultural de las revistas que existían en el país en el momento en que apareció Espiral, con el objetivo de establecer las redes intelectuales previas que sirvieron de soporte a su publicación, particularmente el grupo de jóvenes poetas congregados en torno a la publicación de los cuadernos de Cántico. En el segundo apartado se presenta el esquema de la red de la primera época de la revista en forma de círculos concéntricos, ubicándose en el primer círculo a Luis Vidales, primer directo,r y a Clemente Airó, editor, y en los círculos sucesivos a los demás integrantes del comité editorial y a los colaboradores asiduos y esporádicos. En el último apartado se explica el proceso de internacionalización de la revista como estrategia para vencer el aislamiento al que estaba siendo sometido el proyecto de Airó en Colombia.

1. Las revistas culturales colombianas. Un mapa cultural

En el proyecto de construcción de nación que los gobiernos liberales se habían planteado a su llegada al poder en la década de los 30, pero sobre todo a partir del conjunto de reformas sociales que trajo consigo la Revolución en Marcha36, fue considerada como una exigencia fundamental la extensión y democratización de la cultura. A esta meta solo se llegaría si se hacía uso de todas las formas de comunicación que incluían el impreso, el libro y las conferencias culturales, pero también el cine y la radio 37.

La promoción del libro y la lectura mantuvo un lugar central, debido a que la colombiana era una sociedad de alfabetización tardía 38. Las campañas que se adelantaron a partir de los años treinta en este sentido pasaron de estar dirigidas a los sectores rurales con la creación de las bibliotecas aldeanas, al fortalecimiento de un lector urbano, en los años cuarenta, al que estaba dirigida la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana, la colección de la Biblioteca Popular de la Cultura Colombiana y las ferias del libro que comenzaron a organizarse en el país a partir de 1936 39.

La proyección y ejecución de dichas políticas contó con la participación de aquellos intelectuales liberales que ocupaban las posiciones más elevadas en las instituciones estatales de formación y extensión cultural, a la vez que dominaban, junto con sus pares conservadores, el escenario cultural nacional 40. Dicha situación marcó una de las etapas de mayor integración entre una categoría de intelectuales públicos y un conjunto de políticas de Estado. Así fue como el intelectual de este periodo se comprometió con el papel de la educación en la construcción del Estado, específicamente en lo relacionado con la ampliación de la ciudadanía en el plano político, cada vez más viable “gracias al tránsito ahora perceptible del modelo hispanizante de integración de la Regeneración41, a un esquema incipiente, pero también detectable, de pluralismo cultural, étnico y social, en expresa reacción contra las exclusiones y sectarismos de la generación del centenario”. 42

En el marco de estas propuestas y gracias al pequeño, pero perceptible crecimiento de los sectores letrados de la sociedad colombiana, los intelectuales comenzaron a publicar nuevas revistas culturales y suplementos literarios desde donde sentaban su posición de apoyo o rechazo a las políticas del gobierno. En primer lugar, podemos destacar los suplementos literarios de los principales diarios de circulación nacional. El Suplemento Literario de El Tiempo, El Espectador Dominical de El Espectador, Páginas Literarias de El Siglo, Generación de El Colombiano de Medellín, y el suplemento literario de El Liberal. La Revista de América, vinculada a El Tiempo, se publicó de 1945 a 1952 y luego de 1955 a 1958, dirigida por el escritor colombiano Germán Arciniegas. Los dos primeros suplementos mencionados y esta revista fueron órganos de expresión primordialmente liberales en los que participaban los principales creadores de las políticas culturales del Estado. La página cultural del diario conservador El Siglo fue la principal plataforma de oposición a dichas políticas. Esta situación nos deja ver la polarización bipartidista en los suplementos literarios, ya que estaban vinculados directamente con los diarios de los partidos tradicionales, los cuales eran por excelencia parte de los dispositivos con que contaban los partidos para el ejercicio de la política en estos años 43.

La Revista de las Indias (1938-1951) fue el órgano oficial del Ministerio de Educación Nacional y medio de divulgación del proyecto liberal. En sus páginas se expresaban las ideas de los intelectuales vinculados al gobierno 44. Otra revista institucional fue la Revista de la Universidad Nacional de Colombia, publicada entre 1944 y 1956, y la Revista Javeriana, de la Pontificia Universidad Javeriana, publicada desde 1933 hasta hoy.

Además de las anteriores, existieron otras publicaciones literarias que no estuvieron marcadas por la confrontación política o la vinculación estrecha con una institución gubernamental o educativa. Ejemplo de esto fue Sábado (1943-1951), semanario liberal que contó con la participación de conservadores como aquel que abrió la primera edición, Rafael Azuela Barrera; o Cántico (1944-1947) dirigida por Jaime Ibáñez en la cual publicó una generación de poetas liberales o conservadores indistintamente. Esta última resulta de especial interés en cuanto fue la primera experiencia de edición de Clemente Airó antes de Espiral, y le permitió trabar amistad con muchos de los que más adelante integrarían el comité editorial de su revista o serían cercanos a su proyecto cultural como colaboradores.

La polarización política de unos medios y la aparente neutralidad de los otros se debía a que mientras en los grandes diarios los intelectuales se expresaban con sus excluyentes ideologías, unos y otros confluían en los semanarios de corte literario en los que -afirma César Ayala-“se [iniciaba] una especie de conciliación de ideas e intercambios que van a restarle intensidad a la guerra que ellos mismos provocan desde los grandes diarios de partido, cerrados por el diálogo” 45.

Este mapa cultural puede padecer de algunas omisiones, pero sirve a esta exposición en varios sentidos 46. Primero, permite plantear el restringido margen de autonomía con que contaban los intelectuales colombianos sometidos a los avatares de la confrontación liberal-conservadora, que salvo algunas excepciones, como se puede ver en los proyectos puramente literarios, permeó la conformación de sus redes y el abordaje de sus temáticas. Este elemento permitirá al lector entender la centralidad del bipartidismo en los debates intelectuales que se desarrollaron con la intensificación de la violencia a finales de la década de 1940. Segundo, este mapa cultural proporciona una idea de los medios más importantes de difusión de la cultura y los términos en que las discusiones sobre arte y literatura se estaban llevando a cabo en el momento en que se publicó el primer número de Espiral. Por otra parte, muestra el escenario al que Clemente Airó se vinculó y en el que comenzó a hacerse a un nombre como escritor y editor. Proceso que comenzó desde su llegada al país y que en 1944 tendrá otro escenario: los cuadernos de Cántico, su primera experiencia como editor en Colombia.

1.1 Cuadernos de Cántico y Espiral

A su llegada al país en 1940, Clemente Airó se vinculó laboralmente al campo periodístico, primero como escritor y redactor en el periódico de la Federación de Estudiantes Colombianos El Estudiante (1940-1941). Luego fue secretario de redacción del periódico del Ateneo Republicano Español de Bogotá España (1940). En los años que siguieron Airó comenzó a relacionarse con mayor intensidad con el mundo editorial y periodístico bogotano. Espacios en los cuales, según recuerda Guillermo Payán Archer47, se defendió “trabajando a destajo en varias editoriales, como diagramador, como armador, como dibujante y a veces linotipista”. Trabajó en el diario El Tiempo, “y en casi todos los diarios y revistas de Bogotá. ‘El Espectador’, ‘El Liberal’, ‘Estampa’, ‘Cromos’, ‘Clarín’ y en las varias publicaciones de Plinio Mendoza, como ‘Sábado’”48. Por todas estas redacciones fue relacionándose con un grupo de jóvenes escritores colombianos, específicamente poetas, identificados como la generación de los postpiedracielistas o grupo Cántico.

De este grupo surgió la idea de publicar sus propios poemarios por fuera de las páginas de los suplementos literarios en los que ya aparecían, aunque de manera esporádica. A pesar de que el asunto de publicar no era una cuestión sencilla, según Payán Archer, ya que las editoriales eran caras y la distribución del libro colombiano era nula, se aventuraron en la publicación de los cuadernos de Cántico editados por Clemente Airó49. El primer número de estos cuadernos apareció en 1944 bajo la dirección de Jaime Ibáñez, hasta 1947 cuando dejó de salir a la venta con su decimotercer número.

De este colectivo también surgió la idea de crear una revista que articulara las ideas del grupo más allá de la publicación de sus poemas. Fue así como en 1944, a los tres años de estar en Colombia, Airó fundó, junto con Luis Vidales, la revista Espiral y de su mano las ediciones Espiral. El primer número de la revista se publicó en abril de 1944 en los talleres gráficos Mundo al Día, propiedad de Arturo Manrique y Ricardo Ruiz Manrique 50. La intención de los editores con esta nueva revista fue “editar una muestra impresa de las inquietudes, pensamientos y deseos propios en pro de la cultura y el arte de esta nuestra hermosa tierra que es Colombia”51. Ya desde el primer número quedó claro que sería una publicación colombiana hecha por colombianos, pese a que el editor no lo fuera, y no un proyecto extranjero desvinculado de los debates que se estaban desarrollando en el país en materia de cultura.

Los 135 números que se publicaron de Espiral entre 1944 y 1975 estuvieron marcados por dos breves interrupciones, una en 1945 y otra en 1958, pero su formato y número de páginas solo cambió a partir de 1960 en su última reaparición. En este sentido la historia de la revista se clasifica en tres épocas: la primera, de abril de 1944 (N.° 1) a septiembre de 1945 (N.° 13); la segunda, de julio de 1948 (N.° 14) a octubre de 1958 (N.° 75); y la tercera, de junio de 1960 (N.°76) con un cambio radical en la paginación y diagramación general de la revista, y finaliza en marzo de 1975, meses antes de la muerte de Airó en Bogotá.

La Revista de las Indias, órgano oficial del Ministerio de Educación Nacional, celebró de la siguiente manera la aparición de la revista Espiral: “Un grupo de escritores y artistas, de esos que tiene más fe en su pluma y en su arte que en la protección publicitaria de los rotativos, han decidido editar una revista de selección, en la cual se registran las más recientes actitudes colombianas e hispanoamericanas en las letras y en las artes plásticas”52. La anterior presentación resumió en unas cuantas líneas los propósitos y alcances de la revista: como temas centrales se ocuparía de los géneros literarios y artísticos, y como actores tendría predilección por los representantes más jóvenes de las letras y las artes en el mundo hispanoamericano, con un especial énfasis en los protagonistas colombianos.

Los editores de la revista escogieron la metáfora de la espiral como título de su publicación para hacer referencia al ascenso imparable de la cultura “producto de las manos artífices de siglos y siglos de rozamiento y pulido al contacto de las aguas y arenas de los océanos”53. Esto implicaba una actitud abierta y cambiante. Abierta frente a la polifonía de voces que tenían presencia en la cultura hispanoamericana, de la cual quiso ser “un puente de unión de las letras con la geografía del idioma”54. Cambiante al ser resonancia de las voces jóvenes que necesitaban de una plataforma como esta para traspasar “el umbral de la sombra y del anonimato”55.

En relación con estos propósitos, en sus páginas hicieron presencia muchos de los representantes colombianos e hispanoamericanos más jóvenes de las letras y las artes de la época, al lado de aquellos ya consagrados. Fue así como Espiral nació como un grupo “ajeno a las intenciones de localización o camarilla, corrillo o partidismo”56, configurándose como “campiña abierta sin cercas ni parcelamientos, donde el que quiera y sepa siembre y el que lo desee y crea conveniente recoja”57.

Si bien la revista en sus dos primeras épocas no contó con secciones fijas, se pueden destacar algunos elementos que permanecieron más o menos invariables durante su primera época y pasaron a hacer parte de los contenidos de Espiral de 1948 en adelante. En orden de aparición destacan: los ensayos centrales, la página editorial titulada “Cristal del viento”, los artículos de información general sobre pintura o literatura, la sección de poesía, los fragmentos de novelas o cuentos, y la página que primero se tituló “Libros” y luego de “Mes a mes”.

En las páginas dedicadas a los ensayos principales se debatió, principalmente, sobre la necesidad de crear expresiones artísticas basadas en una cultura nacional. Quienes escribían en Espiral coincidían en que, si en Colombia no existía un teatro nacional, un ballet nacional o una pintura nacional era por la falta de apoyo del Estado y porque los artistas colombianos en su mayoría no habían mirado hacia adentro, hacia la propia tierra y su pasado, para construir el tema de sus obras.

En este orden de ideas, abierta a las propuestas más diversas en materia de arte y en correlación permanente con su tiempo, fue publicada en un escenario social y político marcado por el sectarismo partidista en el que la afiliación liberal o conservadora de los artistas e intelectuales determinaba su relación de proximidad o rechazo con el Estado y la posibilidad de ser parte de la burocracia cultural; esta última una de las principales salidas laborales de los intelectuales colombianos de la primera mitad del siglo.

2. El comité editorial de Espiral. Una red de círculos concéntricos

Como se mencionó en la introducción, a partir de la información recabada de la revista Espiral se reconstruyó, en forma de esquema de círculos concéntricos, la red de intelectuales que le dio soporte. Para la primera época de la revista (1944-1945) se situaron en el núcleo a Luis Vidales (director) y a Clemente Airó (editor). En los círculos sucesivos se ubicaron los demás integrantes del comité divididos entre literatos y artistas, seguidos por los principales colaboradores de la revista.

2.1 El núcleo de la red

Luis Vidales fue el primer director de la revista Espiral hasta junio de 1945. Cuando comenzó a publicarse Espiral, Luis Vidales tenía 44 años y era uno de los integrantes mayores del grupo. Nació el 26 de julio de 1904 en Calarcá - Quindío 58, Muy joven se trasladó a Bogotá con su familia. Allí, frecuentó los principales lugares de sociabilidad intelectual de la capital y se vinculó con otros jóvenes que, como él, sentían un vigoroso rechazo ético, estético y político, como lo plantea Gilberto Loaiza, contra el universo intelectual que precedió a su generación 59.

En consonancia con este espíritu vanguardista, Luis Vidales participó de la creación del grupo Arkilókidas 60 en 1922 y, tres años más tarde, hizo parte del grupo que editó la revista Los Nuevos. Entre 1938 y 1951 fue profesor de estética e historia del arte en la Universidad Nacional de Colombia. Alternó esta actividad con la dirección de la primera época de la revista Espiral, la participación en el periódico gaitanista Jornada y en la revista Crítica de Jorge Zalamea, hasta el año de 1951, cuando fue expulsado de su cátedra en la Universidad Nacional por el entonces encargado de la presidencia Roberto Urdaneta. Se exilió en Chile desde 1953 hasta 1964.

Por otra parte, Clemente Airó, editor de la primera época de la revista (1944-1945) y director de la segunda (1948-1957), nació en Madrid en 1918. A raíz de la guerra civil española emprendió el camino del exilio a principios de 1939. Arribó a Puerto Colombia, Barranquilla en septiembre de 1940. Pero su destino era la capital del país. Desde su llegada hasta el día de su muerte, Clemente Airó desarrolló su actividad cultural en la ciudad de Bogotá. Allí comenzó sus primeros trabajos como editor y redactor, y algunas veces como ilustrador, profesión que había aprendido de su padre.

Como se puede observar de las pequeñas referencias biográficas de Vidales y Airó, a diferencia de este último, extranjero y exiliado con 26 años de edad y tres de estadía en Colombia cuando se publicó el primer número de la revista Espiral, Luis Vidales tenía 44 años, era profesor de la Universidad Nacional y estaba vinculado con los intelectuales más reconocidos de su generación. Estos, en los años 40, habían dejado de ser unos jóvenes irreverentes para pasar a ser, muchos de ellos, los directores y ejecutores de las políticas culturales del gobierno liberal. Así que en ese momento, quien contaba con mayor reconocimiento y trayectoria era Luis Vidales y gracias a eso él podía otorgar un valor especial a la revista, es decir, consagrarla con su nombre 61.

Al parecer, la participación de Vidales en la composición de la revista no fue más allá de la escritura de un par de ensayos y la redacción de algunas reseñas en la sección Libros, ya que hasta la página editorial, titulada ”Cristal del viento”, fue redactada siempre por Airó. Su papel radicó en dotar de un cierto prestigio a una revista nueva, ideada por un grupo de jóvenes poetas y un español exiliado.

2.2 El siguiente círculo de la red. Entre literatos y artistas

Los intelectuales que conformaron el comité editorial de la revista Espiral, en su primera época, fueron un grupo de hombres que rondaban los treinta años en 1944. Entre los más jóvenes estaban el poeta Fernando Charry Lara y el filósofo Danilo Cruz Vélez, ambos con 24 años. Aquellos con más edad fueron el fotógrafo Luis Benito Ramos (45 años) y los escritores Octavio Amórtegui (43 años) y José Antonio Osorio Lizarazo (44 años). Todos tenían una filiación política cercana al liberalismo y a sus diversas tendencias. La más notoria de ellas fue el gaitanismo al que se vincularon principalmente por su participación en el semanario Jornada, Luis Vidales como redactor en 1947, José Antonio Osorio Lizarazo como director de la primera época, Álvaro Pachón de la Torre como gerente de la editorial Patria, donde se publicaba el semanario, y Edgardo Salazar Santacoloma igualmente como redactor.

En cuanto a su conformación, el comité editorial respondió a la necesidad que tenía la revista de tener como soporte un grupo de intelectuales expertos en los campos por los que prometió moverse, las artes y las letras, sin descuidar uno en detrimento del otro. En este sentido, la revista contó con un grupo de literatos y otro de artistas plásticos, ambos con representantes de los grupos intelectuales más destacados de la época como lo fueron los escritores de los Nuevos, los Piedracielistas y Postpiedracielistas, y los artistas Bachués.

Como se dijo, el grupo del que surgió la propuesta de creación de la revista Espiral fue el que se había conformado en torno a la publicación de los cuadernos de Cántico. De este grupo pertenecieron al comité de redacción de Espiral Eduardo Mendoza Varela, Fernando Charry Lara, Álvaro Sanclemente, Jaime Tello, Daniel Arango, José Constante Bolaño y Guillermo Payán Archer. También colaboraron con algunos artículos o publicaron en ediciones Espiral, Andrés Holguín, Luis Enrique Sendoya, Vidal Echeverría, Helcías Martán Gongora y Meira del Mar, entre otros.

Con respecto a los poetas de Piedra y Cielo, fue un grupo conformado en torno a la publicación de la revista homónima que se publicó en Bogotá entre septiembre de 1939 y marzo de 1940. Fueron entregados al público siete cuadernos dirigidos y prologados por Jorge Rojas, cada uno dedicado a la publicación de la obra de los poetas pertenecientes al grupo. A Espiral pertenecieron años más tarde, Jorge Rojas como director de la segunda época entre los números 14 (julio de 1948) y 25 (agosto de 1949); Carlos Martín como integrante del comité editorial durante casi toda la segunda época y Arturo Camacho Ramírez, en el comité editorial de la primera época.

Después del grupo de escritores, se puede señalar el de artistas, mayoritariamente cohesionados en torno a la propuesta plástica de los denominados Bachués, quienes venían trabajando desde la década de 1920 en la definición de un lenguaje y una poética nuevas que terminó ubicando al arte colombiano en la actualidad latinoamericana 62. A este grupo pertenecieron Luis Alberto Acuña, Ignacio Gómez Jaramillo, Luis B. Ramos y Marco Ospina, integrantes en algún momento del comité editorial de Espiral.

En cuanto al círculo de colaboradores, la mayoría eran escritores, poetas, críticos o artistas colombianos. La vinculación con otros proyectos similares de América Latina no se había desarrollado aún, razón por la cual el intercambio de libros y revistas y la presencia de escritores latinamericanos era muy escaso. En cambio, la relación con España estaba dada, en primer lugar, por la nacionalidad de Airó, quien plasmaba en la revista sus preocupaciones nacionales y, en segundo, por los intereses que el tema español despertaba aún entre los intelectuales colombianos a mediados de la década de los cuarenta.

La conexión de Airó con estos, especialmente con los liberales, estuvo marcada en gran medida por las simpatías que guardaban por la República Española. Así, aunque Espiral era una revista de arte colombiano, España pudo entrar de manera soterrada, primero relacionada con la Guerra Civil, y luego con el arte y la literatura de la posguerra española.

Predominaron entonces los artículos, ensayos y notas que impulsaban la configuración de un arte nacional y social63. Nacional en cuanto debía recurrir a temáticas americanas, preferentemente indigenistas. Y social por el compromiso político que el escritor y artista debía asumir con el contexto social en el que estaban insertos64. Airó dijo poco en relación a la raíz indígena y americana que proponían sus colegas colombianos. Para él, como para Luis Vidales, la expresión artística latinoamericana no podía separarse de aquello reconocido como universal y eterno, refiriéndose con esto a la cultura occidental. Y planteaba que justamente dentro de esta “hallaría la nueva época su máxima expresión”65. No negaba la posibilidad de configurar un arte americano, pero sí la imposibilidad de hacerlo de espaldas a Europa.

En cuanto al componente social del arte, la voz de Airó se hizo sentir en muchas más oportunidades que en lo relacionado con lo americano y nacional, quizá porque aún le eran temas ajenos a su experiencia y su mirada estaba más atenta de lo que se estaba por resolver en Europa. Del triunfo de los aliados y la posterior condena del régimen de Franco dependía su retorno a España. En este contexto, se entiende la posición que plasmó como intelectual comprometido en varios de los editoriales de “Cristal del viento”, pero sobre todo en el ensayo titulado “Apuntaciones para un estudio sobre la acción del trabajador intelectual”66, publicado en el número de abril de 1945. No es de sorprender que justamente haya aparecido esta reflexión en el ejemplar destinado a conmemorar un aniversario más de la República Española, ya que los temas del compromiso del intelectual y España estaban profundamente ligados para él.

3. La segunda época de la Revista Espiral de Artes y Letras (1948-1958)

A partir de julio de 1948 comenzó a publicarse nuevamente la revista Espiral, luego de una interrupción de casi tres años. El diario bogotano El Tiempo presentó así a sus lectores la noticia: “Con su número 14 [...] se ha iniciado la segunda época de ‘Espiral’, la excelente revista mensual de artes y letras que fundó Clemente Airó”67. A partir de ese momento se publicaron de manera consecutiva, aunque no con la periodicidad mensual que prometía su título, 61 números hasta octubre de 1958, cuando su edición volvió a ser interrumpida por razones que el director de la revista no aclaró al público.

Entre la primera y la segunda época existieron más continuidades que rupturas en su formato. El tamaño y calidad del papel fue el mismo, las secciones conservaron a grandes rasgos sus contenidos y el número de páginas se estandarizó en 20. Lo único diferente fue que, para esta oportunidad, la revista se imprimió en los talleres de la Editorial Iqueima, ahora propiedad de Clemente Airó, y la publicidad, fuente primordial para el financiamiento de este tipo de publicaciones, resultó menos variada que en la primera época. Esto se explica en razón del auge que tuvieron las ediciones Espiral a principios de la década de los cincuenta, situación que repercutió en el mantenimiento de la revista Espiral más allá de los avatares de las ventas individuales y por suscripción.

Como en aquel número que salió al público en abril de 1944, en este de 1948 también se declaró como fundamento de su política editorial la voluntad de seguir “ensanchándose y avanzando sin estacionarse en determinado círculo o tendencia”68, tanto política como estética. Desde Espiral se admitía que eran al menos tres los cometidos que una revista debía desempeñar: primero, interpretar las aspiraciones de cultura y de las raíces de las colectividades a que pertenecía; segundo, publicar trabajos principalmente de autores aún no consagrados por las grandes empresas editoriales y, finalmente, no permitir “inhibiciones emanadas de los círculos de poder circunstanciales, temporales”69.

Para Espiral era tan reprochable caer en las dinámicas propias de la militancia bipartidista, replicando odios desde sus páginas, como el desarrollo de una crítica artística y literaria permeada por posiciones políticas, como se estilaba en ese entonces en el país 70. La posición imparcial de Espiral ante la realidad colombiana, incluso en los peores momentos de la azarosa vida nacional, era en parte su forma de restarle intensidad a la escalada violenta que afrontaba el país, mientras que “las primeras páginas [de los periódicos y revistas] se colmaron de titulares y de imágenes destinadas a exacerbar los ánimos de los lectores” 71.

Además de esto, se explica su posición tanto por el hecho de que el director fuera extranjero, español y republicano y, por ende, tuviera prohibido inmiscuirse en los asuntos nacionales; como por ser una estrategia orientada a evitar la censura de prensa que desde 1949 estaba afectando tanto a los grandes diarios de partido, El Tiempo, El Espectador, El Siglo, como a publicaciones culturales como las revistas Crítica, Sábado, Estampa y Clarín, censuradas en 194972.

Así que, muy respetuoso de entrometerse públicamente en asuntos que no le correspondían por ser extranjero, no permitió expresiones de tipo político en las páginas de su revista. Pero, hay que insistir, lo hizo desde la defensa de la autonomía y la libertad que el intelectual debía tener, según él, con respecto al campo político. Esta posición chocó con la tradición colombiana de vinculación entre intelectuales y políticos, pero sobre todo con la politización de la vida cultural colombiana y, con ello, de la crítica y la creación artística y literaria.

En relación con la reconfiguración de la red intelectual conformada en torno a Espiral a partir de 1948, se destaca el cambio de director. La segunda época estuvo dirigida por Clemente Airó y por el poeta colombiano Jorge Rojas, hasta agosto de 1949 cuando el primero quedó solo en el cargo. No se sabe a ciencia cierta las razones que los llevaron a dirigir entre ambos la revista en ese primer año. Puede ser que además de soporte intelectual, Jorge Rojas también fuera su soporte económico, como ocurrió con los cuadernos de Piedra y Cielo publicados años atrás bajo su dirección y patrocinio 73.

Con la salida de Rojas de la dirección, se fue reforzando poco a poco la centralidad de Airó en la red. Como director fue el encargado de construir permanentemente el discurso visual y escrito de Espiral, así como de crear una serie de estrategias que aseguraran la existencia y pervivencia en el tiempo de su revista. En torno a él continuaron estando muchos de los integrantes del comité editorial de la primera época, quienes junto con otros nuevos siguieron fortaleciendo los campos de las letras y las artes.

Sin embargo, a diferencia de la primera época, cuando el único extranjero en la revista fue Airó, en esta nueva se destaca la presencia de tres extranjeros más: el exiliado español Frances de Sales Aguilló, quien estuvo en el comité desde marzo de 1952 hasta su muerte en 1956, el escritor y poeta chileno Antonio de Undurraga, entre octubre de 1957 y octubre de 1958 y el escritor venezolano Marco Ramírez Murzi, integrante de dicho comité entre abril y noviembre de 1956. Su presencia en la revista es muestra de la importancia que continuó teniendo España en sus páginas y la que comenzó a ganar Latinoamérica.

Sobre la presencia de España en la revista después de culminada la guerra en Europa, se puede decir que las menciones sobre la Guerra Civil y la dictadura franquista, manera en que apareció en las páginas de Espiral, se eliminaron casi en su totalidad. Solo tuvieron espacio en la revista la literatura y el arte. Por este camino se buscó establecer vínculos con la España de posguerra, logrando así contacto con la Escuela de Altamira, proyecto ideado por Mathias Goeritz en 1948 junto con Ángel Ferrant, Ricardo Gullón y Pablo Beltrán de Heredia para recuperar la vanguardia artística española después de la Guerra Civil. 74 A esta se adhirió Espiral en 195075, con la publicación de la conferencia inaugural de la Escuela pronunciada por Ricardo Gullón en septiembre de 194976.

La adhesión de Espiral a la sección internacional de amigos de Altamira fue uno de los primeros intentos por vincularse a las redes intelectuales españolas de la posguerra, aunque con los sectores opositores al régimen franquista, específicamente con Ricardo Gullón, quien fue apresado al final de la Guerra Civil por haber colaborado con los republicanos.

En relación a las conexiones establecidas con Latinoamérica, se fueron diversificando a lo largo de los diez años que duró la segunda época de Espiral. De los artículos publicados en la segunda época de la revista por intelectuales latinoamericanos solo la mitad era de colombianos, a diferencia de la primera época cuando sus aportes habían representado la mayoría. El resto provenía, en orden de importancia, de escritores de Ecuador, Venezuela, República Dominicana, Uruguay, México, Cuba, Argentina y Chile.

La importancia que guardaba para Espiral la relación establecida con los ecuatorianos se debió principalmente a que, para ésta, la recién fundada Casa de la Cultura Ecuatoriana era un modelo a seguir en la conformación de una institución homóloga en el país. En varias oportunidades se propuso la creación de una casa como la que tenían los vecinos del sur en vista de la ausencia de “sitios de controversia, conversación o intercambio de ideas, pareceres, orientaciones: en una palabra de discusión artística”77, que aquejaba a los intelectuales colombianos.

Otra de estas conexiones se dio con República Dominicana a través de Emilio Rodríguez Demorizi, historiador de ese país, con quien Airó mantuvo estrecha comunicación desde su salida de República Dominicana en 1940, y con quien se reencontró en Bogotá cuando el dominicano fue nombrado ministro plenipotenciario en Colombia en 1947. A partir de la conexión con Demorizi, se propició un intercambio intelectual que tuvo por objeto socializar la literatura dominicana en el ámbito cultural colombiano.

Junto con las colaboraciones de latinoamericanos y españoles en la revista, y la afiliación a proyectos culturales en el extranjero, Espiral también se preocupó por dinamizar el intercambio de los libros de las ediciones Espiral y la revista misma con otros proyectos similares al suyo en el escenario iberoamericano. En este sentido, fueron las editoriales españolas, principalmente las de Madrid y Barcelona, las que mayor espacio tuvieron en la sección “De mes a mes”, después de la Editorial Iqueima. El intercambio con España se dio en este campo de manera prolífica, comentando libros publicados por las editoriales Seix Barral, Ínsula, Guadarrama y las Ediciones Aguilar.

Entre las publicaciones periódicas más importantes con las que se mantuvo comunicación, destaca Ínsula, revista de letras y ciencias humanas de Madrid, fundada en 1946 por Enrique Canito y José Luis Cano. Para este último, la revista fue siempre un “puente entre la España interior y la España del exilio”78. Su nombre corresponde a la idea de que es ella misma una “isla de cultura en un desierto de ella”79. Esta publicación no dejó de enfrentar la censura franquista, hasta el punto que, como lo menciona su fundador, era raro el número que no sufriera mutilaciones.

Se establecieron también nexos con las editoriales argentinas Losada, Emecé, Futuro, López Negri, Sur y la revista argentina Contemporánea dirigida por Juan Jacobo Bajarlía. Con México se estableció contacto con el Fondo de Cultura Económica y las ediciones de los Cuadernos Americanos. En el caso de las revistas, se publicaron artículos de Romance, y Las Españas, dirigidas por exiliados españoles. Además de estas, se mantuvo comunicación con la revista Estaciones de Elías Nandino y Alí Chumacero.

El intercambio con las editoriales chilenas no fue tan prolífico como en la primera época de Espiral con la editorial Ercilla, pero se prestó para establecer contacto con el poeta chileno Antonio de Undurraga, quien dirigió la revista Caballo de Fuego desde Bogotá, en su estadía como diplomático80. Con Uruguay también se mantuvo un intercambio con la publicación de comentarios de obras publicadas por editoriales uruguayas y, sobre todo, con la revista Cuadernos de Julio Herrera y Reissig.

El intercambio de libros con Perú fue promovido por la editorial Hora del Hombre que tuvo “la iniciativa de proponer a todas las editoriales similares de América un canje de obras editadas, para así contribuir a una mejor difusión y distribución de los libros”81, preocupación que era central para el trabajo de la Editorial Iqueima dirigida por Airó. Como producto de esta iniciativa, se recibió la biografía de Mariátegui escrita por María Wiesse, la antología poética de César Vallejo y la revista Hora del Hombre, al tiempo que la editorial propuso ofrecer al público limeño las obras publicadas por ediciones Espiral.

Hasta el momento puede advertirse cómo la segunda época de Espiral se caracterizó por querer establecer vínculos con otros proyectos similares desarrollados en otros países de Iberoamérica. Esto se quería lograr no sólo con la invitación dirigida a otros intelectuales a participar con sus textos en la revista, sino con el aumento de libros y revistas reseñadas en sus páginas, lo que significaba que también en esas otras publicaciones se reseñarían los libros de Espiral.

Este intercambio permitió que la revista y la editorial alcanzaran cierto reconocimiento por fuera de Colombia, aspecto que contribuyó a sobrellevar el aislamiento al que estaba siendo sometido el proyecto cultural Espiral. De esta situación dejó testimonio Airó en las páginas del editorial de la revista, en donde no dejaba de denunciar la poca circulación de los libros de la editorial, la pobre tradición de la crítica de arte de los sectores intelectuales colombianos y la vinculación de estos con el bipartidismo. El declive se vio reflejado no solo en la reducción del volumen de libros publicados por la Editorial Iqueima82, sino también por la pobre recepción que tuvo el premio Espiral en sus últimas versiones83.

Ahora bien, destacar la recepción de la revista y los libros de la editorial por fuera de las fronteras nacionales fue una de las estrategias utilizadas por el director de Espiral para demostrar a sus lectores colombianos que, más allá del país, su proyecto era muy estimado. En este sentido, fueron publicados, casi en su totalidad, fragmentos de las felicitaciones recibidas del extranjero a propósito de su décimo aniversario en 1954. Todas estas felicitaciones son muestra de las redes que se fueron tejiendo desde Espiral con intelectuales colombianos, latinoamericanos y españoles. Además, en cada una de ellas se destacó no solo la calidad de la publicación, sino también su papel como portavoz de la expresión literaria y artística tanto colombiana como latinoamericana.

Sobre la base de los lazos tejidos con otros proyectos culturales similares a Espiral, a finales de 1957, Clemente Airó lanzó la propuesta de conformación de una red de revistas y proyectos editoriales denominada Vanguardia Pan-hispánica junto con el poeta chileno Antonio de Undurraga. Esta propuesta estaba dirigida “a todos los intelectuales y creadores del mundo ubicado en el triángulo cuyos vértices remotos son Manila, Madrid y Santiago de Chile para formar una apretada red comunicativa”84.

Vanguardia Pan-hispánica pretendía romper el provincialismo en que, según la revista, se debatían las artes y las letras en las naciones del idioma castellano. Y, al igual que la revista, fue concebida como “una iniciativa privada, absolutamente al margen de cualquier actividad política, religiosa, ética o social”, encaminada a “defender la creación artística y literaria” así como a “agrupar, libremente, sin estatutos o convencionalismos, a todos aquellos creadores contemporáneos que sientan a las letras o al arte como su razón vital”

Vanguardia Pan-hispánica, consciente de la hora que vivimos, está destinada a propiciar dicha unión para que con ella se realice la defensa y revaloración de lo que hoy permanece desintegrado. Sumará las provincias, naciones de nuestro mundo, formando un conglomerado de insospechadas dimensiones dentro de los marcos de la creación y el espíritu. Su acción implicará, asimismo, una leal defensa de la libertad de expresión y una lucha destinada a que tengan voz cuantos nuevos creadores andan hoy ahogados entre el polvo y la insidia disolutiva de nuestras ‘islas de cultura’85.

El panhispanismo del que se hablaba hacía referencia a los lazos de unión existentes en “el gran mundo del idioma castellano”86, que eran, según la propuesta, la religión, la raza, los antepasados históricos y los niveles éticos, que “nos dan una característica definida, nos lanzan asimismo, hacia un porvenir de hermanadas superaciones y, en cambio, en el plano de la cultura parece ser que se tiene el empeño tozudo de desconocer nuestra fuerza”87.

En la entrevista que la revista Estaciones de México le hizo, Antonio de Undurraga explicaba a los lectores los fines de su propuesta. La Vanguardia Pan-hispánica era para él una “modesta y titánica invitación para abandonar la aldea con resabios medievales, para mirar sobre horizontes universales y elevar nuestro mundo, que como ya lo dijimos es un ave fénix que está renaciendo, a pasos acelerados, de las viejas cenizas imperiales de la casa de Austria”88.

La propuesta pretendía, a grandes rasgos, “crear puentes de conocimiento entre nuestras ‘islas de cultura’”89. Para ello proponía ampliar la oferta de literatura a través de la edición de las obras de escritores hispanoamericanos, aunque fuera en pequeños tirajes, por parte de las editoriales que preferían imprimir traducciones de escritores europeos. Buscaba también llevar estas nuevas obras a las revistas culturales y universidades para que promovieran su lectura entre el público del continente. Aspiraba a promover la movilidad del escritor entre una nación y otra, para que se diera a conocer más allá de las fronteras de su país de origen. También se proponía adelantar proyectos en cada país para que “los libros, folletos y revistas circulen, de un país a otros, exentos de impuestos y al margen de las demás mercaderías, en un sistema de absoluta libertad de intercambio, pudiendo ser pagados en cualquier clase de moneda, en forma particular”90.

Además de los puntos relacionados con la edición y publicación de obras literarias, la propuesta tenía en la mira la realización de un congreso con sus primeros adherentes, ya que “mediante las diversas opiniones de sus integrantes, saldrán, más definidos, sus alcances y puntos de acción”91. Después del congreso, se quería buscar una sede fija donde instalar una biblioteca en colaboración con la Unesco, la OEA y otras organizaciones, universidades, benefactores, editoriales, empresas mercantiles y otros institutos.

Como primer adherente figuró la Revista Estaciones editada por Elías Nandino y Alí Chumacero en Ciudad de México. Desde Argentina se adhirió a la propuesta la revista Contemporánea dirigida por Juan Jacobo Bajarlía. Y, en Uruguay, la conexión se hizo con los Cuadernos Julio Herrera y Reissig.

Si bien pese a que las aspiraciones del grupo eran bastante grandes y requerían de un trabajo prolongado a largo plazo, como puede inferirse de lo anterior, este trabajo al parecer no logró concretarse en los meses que siguieron, ya que las cinco revistas adherentes en 1957 cesaron sus publicaciones antes de acabarse la década, y solo Espiral, que interrumpió su publicación en 1958, tuvo una tercera época que se inició en 1960.

Pese a esto, no deja de ser un intento, que destaca a finales de la década de los cincuenta, por convocar diversos proyectos culturales en Hispanoamérica en torno a la promoción y divulgación de las letras en el continente. Objetivo que se quiso lograr a través de los canales existentes de intercambio de libros y revistas, en un proceso que, para el caso de Espiral, venía de 1944. Estas redes se articularon en torno a “un paradigma compartido, un discurso a grandes rasgos unificado” 92, en este caso el pan-hispanismo y sobre la base de ese discurso se elaboraron las diversas estrategias de acción que contemplaba la propuesta publicada en la revista Espiral 93.

De hecho, los lazos que se vieron fortalecidos con el esfuerzo de comunicarse con proyectos de este tipo en México, Argentina, Chile y Uruguay, se vieron reflejados, para Espiral, en la internacionalización alcanzada en los años sesenta, cuando dio inicio su tercera y última época. En éeta, Espiral comenzó a llegar de manera regular a distintas bibliotecas nacionales e instituciones académicas y culturales de América y España, lo que hizo que fuera muy conocida y apreciada por sus contemporáneos, quienes destacaron el alcance continental que había logrado en ese periodo94.

A modo de conclusión. Espiral número 75 o el fin de una época

El último número publicado de la segunda época de Espiral salió a la venta en octubre de 1958. Ni el esfuerzo por vincularse con las redes intelectuales colombianas, ni la propuesta de conformación de la Vanguardia Pan-hispánica, sirvieron contra el aislamiento al que estaba siendo sometido el proyecto de Airó. Como se ha dicho, no era solo que los libros de las ediciones Espiral no salieran de las bodegas de la editorial, era también que sus propuestas no lograban entusiasmar al público colombiano como había sucedido con el “Premio Espiral”.

La revista, al no estar vinculada con los intereses políticos de los intelectuales colombianos, al ser una publicación “honrada y sin compromisos” -como ellos mismos se declaraban constantemente-95, fue relegada a un lugar secundario, fue mirada con indiferencia como sucedía en el país “con las empresas periodísticas que no [vivían] la vida azarosa de la política”96. O, al menos, eso es lo que se intuye del editorial publicado en el primer número de 1960 con el que se inauguró la tercera época de la revista:

Dejemos a los políticos con sus enredos de poder y conveniencias, sus pasos lentos, sus ademanes trascendentales, sus obtusas perspectivas, con la ignorancia del futuro que ya asoma por el horizonte de la civilización, enredados entre fronteras y luchas electorales, sin percatarse de que cuanto ambicionamos representar en el concierto contemporáneo, no nos será dable conseguirlo con nuestra presente y pertinaz desunión97.

Así, Espiral sobrevivió como un espacio exclusivamente cultural, distante de la confrontación bipartidista y, por ende, ajeno a los vaivenes que los cambios de gobierno provocaban en la vida nacional. Esto hizo que el proyecto perdurara en el tiempo y se convirtiera en uno de los más longevos del país, pero a la par fuera relegado al olvido.

Todas las dificultades y trabas mencionadas, de las que Airó dejó testimonio en la página editorial de Espiral, lo impulsaron, primero, a apoyar la agremiación de los escritores y artistas en Colombia y, segundo, a fortalecer los lazos culturales que había establecido con otros proyectos hispanoamericanos similares al suyo. Así, la internacionalización de la red intelectual conformada en torno a Espiral, revista y ediciones, fue una de las estrategias adoptadas por su director para afrontar el aislamiento al que estaba siendo sometido su proyecto por los intelectuales colombianos, acostumbrados a relacionarse con el poder de una forma diferente a la que estaba dispuesto hacer Airó.

Referencias bibliográficas

Fuentes primarias

Archivo privado Familia Airó, Bogotá

Publicaciones periódicas

Boletín Cultural y Bibliográfico. Bogotá. 1966

Cromos. Bogotá. 1969

Diario Oficial. Colombia. 1949

El País. Cali-Colombia. 1982

El País. España. 1985

El Tiempo. Bogotá

El Universal. Bogotá. 1969

La Patria. Manizales - Colombia. 1969

La República. Bogotá. 1984

Revista de las Indias. Bogotá. 1944

Revista Espiral de Artes y Letras. Bogotá. 1944-1975

Revista Estaciones. México. 1957

Fuentes secundarias

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Forma de citar este artículo: Prieto Mejía, Jeimy Paola. “La internacionalización de una red intelectual. Revista Espiral de Artes y Letras”. Historia y Espacio, vol. 13, n° 49 (2017): 97 – 131
No existe un consenso sobre la cifra total de exiliados españoles que arribaron a Colombia. Fernán Vejarano afirma que entre 1936-1939 y 1948 ingresaron al país solo 664 exiliados en dos momentos: durante la Guerra Civil –especialmente en el año 1939 cuando arribaron cerca de 484 personas– y diez años más tarde, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. María Eugenia Martínez Gorroño y Álvaro Vejarano, Memoria y sueños: españoles en Colombia siglo XX (Bogotá: Fundación Españoles en el Mundo, 2004). En estos cálculos no se tiene en cuenta el periodo comprendido entre 1939 y 1948, dejando por fuera los exiliados que, como la familia Airó, llegaron entre estos años, y que pudieron representar una cantidad significativa, aunque no tanto como para cambiar la tendencia señalada atrás.
Francisco Caudet, “La mitificación nacionalista de España en las revistas del exilio de 1939”, en El exilio republicano español en México y Argentina: historia cultural, instituciones literarias, medios, coordinadora Andrea Pagni, (Madrid: Iberoamericana, Frankfurt am Main, Vervuert, 2011), 59-76.
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Estos tres números de la revista América. Cahiers du CRICCAL (Centre de Recherches Interuniversitaires sur les Champs Culturels en Amérique Latine) fueron publicados en 1990 y 1996, producto de coloquios internacionales organizados sobre el tema de las revistas latinoamericanas. El primer número incluyó trabajos sobre las revistas publicadas en el periodo de entreguerras (1910-1939). El segundo se ocupó de revistas publicadas entre 1940 y 1970 y el último de aquellas que lo fueron entre 1970 y 1990. América. Cahiers du CRICCAL: 4-5 (1990), 9-10 (1992) y 15-16 (1996).
Revistas Iberoamericana LXX: 208-209 (julio-diciembre de 2004).
Regina Crespo (coord.) Revistas en América Latina: proyectos literarios, políticos y culturales (México: Ediciones Eón, Universidad Nacional Autónoma de México, 2010).
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Según Carlos Altamirano, el concepto de intelectual es “multívoco, polémico y de límites imprecisos como el conjunto social que se busca identificar con la denominación de intelectuales”, por lo cual lo ubica genéricamente en “la esfera de la producción, distribución e inculcación de los significados o bienes culturales”. Carlos Altamirano, Intelectuales,17, 95. Por su parte, para Edward Said el hecho decisivo de ser un intelectual es que este es un sujeto “dotado de la facultad de representar, encarnar y articular un mensaje, una visión, una actitud, una filosofía o una opinión para y en favor de un público”. Edward W. Said, Representaciones del intelectual (Bogotá: Debate, 2007), 30.
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Eugenia Molina, “Sociabilidad y redes político-intelectuales: Algunos casos entre 1800 y 1852” Cuadernos del CILHA, Centro Interdisciplinario de Literatura Hispanoamericana 12, 1 (junio de 2011):19-54; Pita González y Grillo, “Revistas culturales y redes intelectuales: una aproximación metodológica”; Devés-Valdés, Redes intelectuales en América Latina. Hacia la constitución de una comunidad intelectual.
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Devés-Valdés, Redes intelectuales en América Latina. Hacia la constitución de una comunidad intelectual, 30.
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Pita, La Unión Latino Americana
Ibíd., 36.
Ibíd, 26.
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Los trabajos que vinculan revistas culturales y redes intelectuales en América Latina son bastante numerosos. Destacamos además de los mencionados el trabajo colectivo coordinado por Aimer Granados, titulado Las revistas en la historia intelectual de América Latina: redes, política, sociedad y cultura. Aquí aparecen trabajos relacionados con las revistas Amauta, Dianóia, Monterrey. Correo Literario, Consigna, Ruta, Plural, Criterio, Tierra Firme y la Mesa Llena.
Así se conoció el primer periodo presidencial de Alfonso López Pumarejo (1934-1938) caracterizado por haber emprendido una serie de reformas en el sector educativo, laboral y agrario.
Renán Silva, República Liberal, intelectuales y cultura popular (Medellín: La Carreta Editores, 2005), 89.
Para Renán Silva, la alfabetización tardía se produjo en Colombia debido a que en los intentos por conquistar la meta universal del alfabetismo y del hábito de lectura se tropezaron con un momento en que, por lo menos formalmente, la sociedad tenía a su disposición nuevos medios de comunicación como el radio y el cine, los que, dependiendo de contingencias precisas que no resultan posibles de determinar previamente, pueden ser aliadas del libro y la lectura, o sus enemigas. Silva, República Liberal.
Ambas colecciones pretendieron compilar lo “mejor” del pensamiento y la literatura colombiana a lo largo de la historia. Ver: Silva, República Liberal,
Silva, República Liberal, 22.
Con Regeneración, la historiográfiía colombiana ha definido el periodo de gobiernos conservadores que inicia en 1886 y concluye a principios del siglo XX.
Gonzalo Sánchez Gómez, “Intelectuales, poder y cultura nacional” Análisis Político: 34 (mayo de 1998) 107.
César Augusto Ayala Diago, Inventando al Mariscal. Gilberto Alzate Avendaño, circularidad ideológica y mímesis política, Tomo II (Bogotá: Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2010), 45.
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Para un panorama más amplio de las revistas literarias colombianas en el siglo XX, consultar el trabajo de análisis e inventario realizado por Jorge Orlando Melo, “Las revistas literarias en Colombia e Hispanoamérica: una aproximación a su historia”, (Segundo Seminario de Edición Profesional para Revistas y Publicaciones Seriadas, Bogotá, 2008).
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Con respecto a este punto, Cristina Lleras afirma que en los años cuarenta y cincuenta en Colombia, así las obras de arte o las piezas literarias no hicieran mención expresa de filiación política alguna, y este elemento se mantuviera ausente de la expresión artística como tal, en la mayoría de los casos las tensiones bipartidistas impactaban el campo artístico politizando la mirada estética. Lleras, Arte, política y crítica, 11
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“Censura de prensa escrita y hablada. Decreto número 3521 de 1949 (noviembre 9)”, Diario Oficial, 27263 (Bogotá, Colombia), 9 de noviembre, 1949, 554. Por medio del decreto número 03526 de 1949 (noviembre 9) se designaron como censores de dichas revistas a Camilo Delgado Morales para Estampa, al mayor Diego J. Ferro y Jaime Pardo para Sábado, y al capitán de Corbeta Alejandro Herrera y Alfonso Luque Maya para la revista Crítica. Ver: “Decreto número 3521 de 1949 (noviembre 9)”, Diario Oficial 27263 (Bogotá, Colombia), 9 de noviembre, 1949, 555.
Jaime García Maffla, "El movimiento poético de 'Piedra y Cielo'", Revista Iberoamericana, 50 ( julio de 1984): 683-88.
Aunque la Escuela de Altamira tuvo financiación de la Gobernación Civil de Santander y en ella participaron algunos artistas cercanos al régimen, no fue parte de la política cultural franquista. Fue considerado uno de los grupos de oposición desde el arte fundados en España en los años de postguerra. Michelle Vergniolle Delalle, La palabra bajo silencio: pintura y oposición bajo el franquismo (Valencia, España: Universitat de València, 2008), 77. Gabriel Ureña, Las vanguardias artísticas en la postguerra española, 1940-1949, (Madrid: Editorial Istmo, 1982), 73.
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“Altamira y el arte contemporáneo”, Revista Espiral de Artes y Letras, 30 (septiembre de 1950), 5-6.
Clemente Airó, “Ausencia de Ágora. Cristal del viento”, Revista Espiral de Artes y Letras, 49 (noviembre de 1953), 8.
“‘Ínsula’ fue un puente entre la España interior y la del exilio, según José Luis Cano”,El País, (España), 9 de marzo de 1985” URL http://elpais.com/diario/1985/03/09/cultura/479170806_850215.html, 10/12/2015.
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Clemente Airó, “Hora del Hombre. Cristal del viento”, Revista Espiral de Artes y Letras, 30 (septiembre de 1950), 8.
En 1949 y 1950 la Editorial Iqueima se posicionó como la empresa editorial más dinámica del país. Situación que se vio reflejada en el alto volumen de obras impresas que salieron a la venta en esos años, la más alta de su historia. Esta situación cambió en los años siguientes a raíz de la escasa circulación de los libros denunciada por Clemente Airó en las páginas de la revista Espiral. “Bibliografía colombiana en 1949”, Revista Crítica, 30 (enero 1950): 8. Pedro R. Carmona, Anuario bibliográfico colombiano de 1951 (Cali: Imprenta Jorge Garcés B., 1952). Esta referencia fue citada en la revista Espiral: “Anuario bibliográfico colombiano, 1951”, Revista Espiral de Artes y Letras, 47 (julio de 1953): 8.
Este premio fue lanzado desde las páginas de la revista en 1951 y convocaba a jóvenes escritores a participar en él. Solo se organizaron 4 versiones en los años siguientes, hasta que fue clausurado por falta de participantes, como reflejo de la falta de interés y la apatía que reveló entre los escritores colombianos.
Clemente Airó, “Una iniciativa necesaria. Cristal del viento”, Revista Espiral de Artes y Letras, 70 (diciembre de 1957): 8.
Airó, “Una iniciativa necesaria”, 8
Clemente Airó, “Necesidad de un pan–hispanismo. Cristal del viento”, Revista Espiral de Artes y Letras, 69 (octubre de 1957): 8.
Airó, “Necesidad de un pan–hispanismo”, 8
Mauricio de la Selva, “Antonio de Undurraga y la Vanguardia Pan-Hispánica”, Revista Estaciones, 10 (verano de 1958): 187-190.
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Rafael Gutiérrez Girardot, "Tres revistas colombianas de fin de siglo", Boletín Cultural y Bibliográfico 28, 27 (1991): 2.
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